Bienvenidos

10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Tai Chi Chüan>>leer más

RECORDANDO AL MAESTRO

(A LA MEMORIA DE JORGE RUIZ RIQUELME)

Pregunta: Profesor, acerca del Taijiquan, ¿cómo se puede combinar la búsqueda de paz interior con algo que por naturaleza se define a sí mismo como un sistema defensivo?

Respuesta: No hay mejor defensa que la serenidad.

Así comenzaba una entrañable entrevista al profesor Jorge Hugo Ruiz Riquelme, realizada hace ya 20 años. Queremos rescatarla para el recuerdo, en el espacio honorable de este Boletín y, principalmente, con motivo de un reconocido homenaje a su labor incansable a lo largo de su vida y por todo lo ancho del planeta.

Comienza su entrevista titulada: “Cuando el enemigo es uno mismo”. (El formato de entrevista ha sido convertido en exposición directa de las palabras del entrevistado).

Jorge Ruiz

Jorge Ruiz

El Taijiquan tiene un propósito más profundo que el meramente deportivo. Es un sistema tradicional y completo que ayuda a obtener a quien lo practica una mayor centralización, el domino de sus emociones y una cierta disciplina mental.

Existen dos grandes familias en las artes marciales: una que apunta hacia los aspectos más internos del ser humano y que busca un equilibrio energético y psicológico (como el Aikido o el Pakua); y otra familia de artes más duras y físicas, en las que esos aspectos internos son más difíciles de encontrar. A la primera de estas familias pertenece el Taijiquan, que se integra en estas artes llamadas Neichia o vía interna del arte marcial. Lo ideal, según el concepto tradicional, es integrar los dos aspectos: el sistema de defensa personal con su filosofía relacionada con el taoísmo, y su sistema de relajación, meditación en movimiento e incluso de terapia y autocuración.

Los principios teóricos del Taijiquan son los mismos que los de la acupuntura, y todos sus movimientos, posiciones y ejercicios de respiración están destinados a limpiar los canales de energía nerviosa, llamados meridianos. Sin embargo, antes de movilizar la energía hay que adquirir la capacidad de sentirla.

El concepto de vida en Oriente es el de una fuerza que todo lo llena. Hay una vida interior de la que el hombre es habitualmente inconsciente; por eso, la primera etapa del Taijiquan es la de conectar interiormente con esas energías y exteriormente con todos los elementos que mueve la naturaleza, con el mar, el viento, las fuerzas de la tierra.

Taiji significa etimológicamente “la viga”, que divide al todo en dos. La filosofía china concibe el universo como una totalidad, como un círculo, y la primera manifestación dentro de este círculo, la línea que genera la división en yin y yang, es Taiji: viga generadora del primer par de opuestos en el universo.

En Oriente, los maestros no hablan de escuelas, ni siquiera diferencian las antiguas de las modernas. Para ellos, todo practicante tiene que entrar por lo que llaman la puerta de entrada o forma simplificada, o de Pekín, que consiste en unas técnicas básicas que constan de 171 posiciones y 24 movimientos.

Creo que la persona que carece de ciertas condiciones de centralización física y de elongación muscular no puede practicar el sistema antiguo. Tendrá que empezar por la puerta, como todos. Dicha puerta podría ser la iniciación de los alumnos en la forma, secuencia o tabla de 24 movimientos.

Luego de tres años de práctica, se pasa a la segunda forma, de 48 movimientos. Y nuevamente, después de otro periodo de tres años, se pasa a la tercera forma, de 32 movimientos. No es aconsejable enseñar aplicaciones de defensa personal antes de, por los menos, un año de práctica.

En las escuelas más antiguas y tradicionales, como la de Chen, se sigue con rigor cada etapa sin introducir ejercicios respiratorios antes de que el propio alumno los descubra por sí mismo.

En este arte hay tres niveles. El primero es el Taiji o dominio de los movimientos, llamado la Etapa del Tigre; después llega el dominio de la energía, el Chi Kung, conocido como la Etapa del Ave Fénix.

Por último, se llega al dominio espiritual, el Nei Kung, llamado Etapa del Dragón, que también es la etapa donde se consigue “el descondicionamiento de todos los factores externos”. Es el estado de Maestría.

Finalmente, nos gustaría ahora dejar constancia de que, si bien este artículo desvela por su contenido el profundo conocimiento humano e intelectual del Prof. Ruiz, detrás de este trabajo de recopilación y testimonio de su recuerdo, están numerosas personas, personas que han sido tocadas en el alma por su impronta, personas que por su trato con este ser grande y generoso, que solo se puede llamar Maestro, volvieron a nacer, como discípulos.

Breve reseña biográfica

Nació en la ciudad de Concepción, Chile, el 10 de enero de 1954; falleció el 7 de noviembre de 2014.

Comenzó su práctica del Taiji en 1973, en Chile, con un profesor chino, y se perfeccionó en Tokio, donde se relacionó con la Mugen Tai Kio Ken Association, dirigida por profesores de la Universidad de Pekín y maestros chinos emigrados a Japón.

Fue representante para Europa de la Asociación Xu Xian de la Universidad de Pekín.

Director del Instituto de Artes Marciales Filosóficas Bodhidharma en España de 1992 a 1998.

Fue profesor de Filosofía, Simbolismo e Historia de las Culturas de Oriente.

También fue profesor de Seitei Iaido.

Tuvo a su cargo la formación de profesores en Asia, Europa y América.

Artículo aparecido en el número 51 de la revista Tao tien, escrito por Teresa Alvarez, Directora Nacional del Instituto Bodhidharma en China

CURSO DE DEFENSA PERSONAL. MÓDULO NACIONAL DEL INSTITUTO BODHIDHARMA

Se celebró en el colegio “Antiguo Reina Fabiola” de Alcalá de Guadaíra en Avda. Santa Lucía, el sábado 13 de diciembre de 2014 en horario de 10 a 14 horas.

PRACTICA DE LA FORMA DE ESPADA DE 32 POSICIONES. PROGRAMA DE LA ESCUELA  DE PEKIN

Ha comenzado a desarrollarse el entrenamiento básico de las aplicaciones marciales de Tai chi jian (Tai chi con espada), con los taochis más avanzados (tercer nivel), de la Universidad Popular y del Centro Cívico “Las Columnas”. Con los alumnos del Centro Hispalia, se inició el aprendizaje de dicha Forma el pasado mes de septiembre.

¡Ya llegó el verano!

Otro año más, nos ha llegado el momento de penetrar en la estación veraniega, esa que es la preferida para muchos y en la que parece que todos nos sentimos como más abiertos, comunicativos y con más ganas de hacer cosas al aire libre. Es una estación asociada con la madurez de las cosas y también con su equilibrio.

Como bien nos enseña la tradición china, el equilibrio es una oscilación entre el yin y el yang, sin estancarnos en ninguno de estos dos principios que mueven todas las cosas, y que convenientemente armonizados nos conducen a una visión equilibrada de la vida humana: aprendemos a contemplar la existencia, a vivir sin miedo –que no es poco– y a desterrar todo tipo de preocupaciones que, casi siempre, suelen ser producto de nuestra mente ilusoria, la cual hemos de conocer y dominar para poder aspirar a ese gran equilibrio que es el universo mismo.
Esto solo será posible si somos capaces de encontrar ese equilibrio en nosotros mismos, lo cual no es tarea fácil, pues la actitud a adoptar no está exenta de ciertas sutilezas que, si nos esforzamos demasiado en equilibrarnos, pueden llevarnos, paradójicamente, a alterar el ritmo natural de las cosas. La armonía de la vida humana es algo natural, espontáneo, que podemos experimentar desde el momento en que dejemos de querer controlarlo todo.
La vía del Tai chi chuan es la vía de la suavidad y la armonía, a través de la cual aprendemos a no forzar las cosas; aprendemos a fluir con todo lo existente y manifestado, captando la esencia y desechando lo puramente formal. Por lo tanto, nuestro pensamiento y acción han de estar orientados a la no resistencia, a evitar el conflicto en cualquiera de sus aspectos, contribuyendo de esta manera a que cada vez reine un mayor grado de armonía entre todos los seres humanos.

(Editorial aparecido en el número 53 de la revista Tao tien)

¡De nuevo, la primavera!

Vivimos  un  momento  histórico  en  el  que  las  malas  noticias están a la orden del día, hasta tal punto que cada vez son más las personas –empezando, si queremos, por los alumnos de nuestra Escuela de Tai chi chuan– que han decidido, en más de una ocasión, apagar la televisión o la radio, o ambas cosas, y también evitar aquellas conversaciones que pudieran girar en torno a temas con connotaciones un tanto desagradables y nefastas.

Si nos detenemos a analizar los acontecimientos a los que estamos asistiendo, constataremos, de una u otra forma, que estos tienen que ver con el lado oscuro de la naturaleza humana y que su origen estaría en la ignorancia, la falta de discernimiento y el mal uso que hacemos de los avances tecnológicos actuales.

Casi todos los males de los que somos testigos –atónitos e incrédulos ante cosas que son poco menos que surrealistas– en este presente, se deben a una forma concreta de estupidez llamada codicia, pues podemos comprobar que los deseos insaciables del pobre y del rico envenenan a la humanidad y dan lugar a toda clase de maldades, engaños y destrucción de nuestra casa planetaria,  la  Tierra.

La falsa moral de los intereses más pecaminosos, del insaciable progreso económico y de la manipulación de las masas ignorantes, es lo que sigue dando sustento al mal entre los seres humanos. Los males que sufre la humanidad son la consecuencia, los amargos frutos, de todas las acciones del pasado, y esto viene sucediendo desde el momento en que la especie humana empezó a imaginar y creer  que  podía  encontrar la  felicidad –y todo lo que esta conlleva– fuera de su dimensión espiritual: es a partir de ahí donde la conciencia entra en un proceso de confusión y de pérdida de las virtudes innatas.

Como bien nos enseña la milenaria filosofía del Tai chi chuan, la única solución es el despertar individual, el que cada ser humano se vaya conociendo un poco más y mejor a sí mismo a través de la práctica de una ética que le lleve a un verdadero progreso espiritual y un auténtico respeto por la libertad propia y ajena.

Solo entonces, gracias a ese despertar de la conciencia individual, aprenderemos que no podemos quedar impasibles ni indiferentes ante cualquiera de las manifestaciones del mal, combatiéndolo y erradicándolo dondequiera que pudiéramos encontrarlo.

(Editorial aparecido en el número 52 de la revista Tao tien)

Ya estamos en invierno.

Una vez más, nos encontramos ante las puertas de un nuevo año en el que tendremos la oportunidad de seguir recorriendo el camino cuyos primeros pasos dimos hace ya algún tiempo, y me refiero a ese que iniciamos con la práctica del Tai chi chuan, la cual nos ha permitido ir descubriendo una maravillosa filosofía de vida que nos acerca, poco a poco, a las verdades del universo en el que nos encontramos.

Estas –tanto las pequeñas como las grandes verdades– no llegan como consecuencia de un esfuerzo deliberado; más bien suelen revelársenos cuando menos lo esperamos, de manera súbita y espontánea, y entonces entendemos que todo es mucho más sencillo de lo que hasta ese momento pensábamos. La inspiración  humana  unida  a  la  influencia divina hace que esto sea posible: nos volvemos especialmente receptivos y nuestra comprensión de la vida y de la gente se hace mucho más profunda, adaptándonos con una apertura total de corazón a todo lo que sea necesario.
A través de la práctica incansable, con perseverancia y constancia, siendo siempre pacientes y confiando en los maestros y en nosotros mismos, vamos logrando un estado de conciencia inspirado y abierto. A partir de aquí, somos capaces de observar el mundo con unos ojos frescos de asombro, con una mente libre de la rutina y de la mediocridad.
Esta mirada surgida de la inspiración del corazón es una visión limpia, sin manchas, que es la característica de todos los que consideramos grandes hombres en el espíritu, y sin ella –como bien nos enseña el camino de la filosofía– nuestra evolución espiritual más genuina es imposible.
Y hablando de aquellos que se caracterizaron por tener un alma grande y generosa, en este número rendimos un sentido homenaje a uno de ellos: Jorge Ruiz, nuestro maestro de Tai chi chuan, que nos ayudó en el sagrado conocimiento de nosotros mismos, enseñándonos tan noble, profundo y maravilloso arte. Su recuerdo imborrable quedará grabado por siempre en nuestros corazones.

(Editorial aparecido en el número 51 de la revista Tao tien)

Ha llegado el otoño.

Han pasado más de doce años desde que saliera a la luz el primer número de nuestro boletín Tao Tien, publicación que surgió con la idea de profundizar en la filosofía de los estilos internos, teniendo como eje –no podía ser de otra manera- el muy noble, a la vez que profundo, arte del Tai chi chuan.
En el tiempo transcurrido, han girado en torno a este eje multitud de temas con un denominador común: el enfoque filosófico. Ciertamente, la filosofía es el centro del que parten, a la manera de los radios de una rueda, todas las artes marciales que se han convertido en objeto de nuestra investigación  y que son auténticas vías para la exploración y conocimiento del universo interior del ser humano. Así, y no de otro modo, podemos decir que son legítimas.

Con la humildad que ha de caracterizar a todos aquellos que nos sentimos filósofos –también de las artes marciales- sin caer en fantasías ni vanidosas pretensiones que lo único que harían sería atentar contra el verdadero espíritu de la práctica de tan nobles artes… reiteramos nuestro compromiso de seguir rescatando, en la medida de nuestras posibilidades y en lo que nos toca, esa filosofía.
En este número –muy especial, pues se trata del cincuenta- hemos realizado una visión retrospectiva de todo lo publicado hasta el momento, seleccionando aquellos artículos que consideramos más significativos  y  que  mejor  ilustran  y  reflejan  las  distintas  etapas que  han ido  sucediéndose  en  la  evolución  de  nuestra  Escuela  de  Tai  chi chuan.

(Editorial aparecido en el número 50 de la revista Tao tien)