Bienvenidos

10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Tai Chi Chüan>>leer más

CURSO DE DEFENSA PERSONAL

defensa personal

Domingo 4 de diciembre en el Centro Hispalia (calle del Aceituno, 5, Sevilla) en horario de 10 a 14 horas. Cuota 30 €.

CLASES

-Centro Cívico Las columnas:
Viernes de 18 a 20 h. (Tai chi).
-Centro Hispalia:
Nei Kung los lunes, de 19 a 20.30 h. y Tai chi los miércoles, de 18.30 a 20 h.(iniciación) y 20 a 21 h.(avanzados).
-Universidad Popular de Alcalá de Guadaira:
Lunes, de 09 a 12 h. y martes y jueves de 18 a 19 h. (1er Nivel), de 19 a 20 h. (2º Nivel) y de 20 a 21.30 h. (3er Nivel).

Ha llegado el otoño.

Algo muy importante que enseñamos en la práctica de las artes marciales filosóficas es la diferencia fundamental que existe entre estas y lo que entendemos como una simple pelea, una diferencia que no guarda ninguna relación con la eficacia o con la técnica; todas las artes marciales formaban parte originalmente de un sistema completo de aprendizaje cuyo último objetivo consistía en la transformación radical de la propia existencia del practicante. Aunque muy a menudo se ignoren, se infravaloren o se rechacen estas raíces, la dimensión espiritual constituiría la esencia de las artes marciales.

A la luz del estudio comparativo, podemos constatar que en todas las culturas existe una tradición marcial que normalmente está ligada de alguna forma al desarrollo espiritual (los griegos incluían la lucha en sus Juegos Olímpicos, y la figura del héroe venciendo a un monstruo, un demonio o un rey malvado suele presentársenos como uno de los arquetipos principales de la mitología). Pero es en Oriente donde la práctica de estas artes ha alcanzado las cotas más altas y donde ha experimentado mayor desarrollo. Parece ser que las artes marciales comenzaron a practicarse en la India (aunque es muy poco lo que sabemos sobre esta primera etapa) y se difundieron posteriormente (como el budismo), llegando hasta China. Allí encontraron una tierra perfectamente abonada: la actitud pragmática del pueblo chino y el taoísmo, religión mística que resalta la importancia de la naturaleza y el cuerpo, contribuyeron al desarrollo de un gran número de sistemas de combate estrechamente relacionados con las escuelas de formación espiritual. Las artes marciales, tanto en su aspecto físico como espiritual, se extendieron desde aquí a otros muchos puntos del Oriente, llegando a Occidente a principios del siglo XX.
Para entender correctamente lo que son las artes marciales –tratando de evitar confusiones y puntos de vista un tanto erróneos–, hace falta considerar no solo el aspecto técnico, sino también el psicológico y el metafísico. En este sentido, es de vital importancia entender cómo una actividad física –estrechamente vinculada al campo del deporte– puede llegar a abordar temas como la transformación psicoespiritual y la naturaleza de la realidad. Esto es lo que pretendemos a través del conocimiento y práctica de la filosofía de las artes marciales.

(Editorial aparecido en el número 58 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

Actualmente, problemas, preocupaciones y responsabilidades ocupan de tal manera nuestras vidas que nos olvidamos de pararnos a reflexionar, a meditar sobre los propios procesos interiores. A fin de poseer equilibrio y serenidad, desarrollar una mente fuerte y flexible, resistente y bien coordinada y en armonía con los otros aspectos de nuestra naturaleza, hay que comprender cómo funciona, cómo está organizada y como interactúa con esos otros aspectos. Para hacerlo, arranquemos desde una simple observación: algunas personas han desarrollado solamente determinadas características mentales en lugar de otras; unos, una lógica férrea pero falta de intuición e imaginación, otros una mente imaginativa e intuitiva con escaso sentido lógico.

Estos dos caracteres, el frío calculador de lógica inflexible y el poeta o el artista, conviven en nosotros y representan, metafóricamente, nuestros dos hemisferios cerebrales y las dos modalidades fundamentales a través de las cuales nuestra mente interactúa con el mundo.
Estas dos personas (el calculador y el poeta), al poseer puntos de vista diferentes, interpretan la realidad de manera diferente y hablan asimismo lenguajes diferentes: uno habla una lengua lógica y racional, y el otro una simbólica y analógica.
Es sabido desde hace varias décadas que estos lenguajes son la expresión de las dos realidades del cerebro. En efecto, el mundo de la racionalidad, gobernado por el hemisferio izquierdo, permite interpretar la realidad en términos  racionales;  por el contrario, el hemisferio derecho gobierna la dimensión intuitivo-imaginativa y la de las ideas que pueden parecer ilógicas o absurdas.
El aprendizaje de este lenguaje interior se ve enormemente favorecido por la práctica del Taijiquan filosófico, pues ayuda al hombre de hoy a descifrar e interpretar las informaciones y mensajes que manan de sus estados interiores más profundos, instaurando, por tanto, un diálogo consigo mismo que le permitirá comprender y gestionar armónicamente las propias sensaciones y emociones, así como sus propios estados de ánimo, abriendo el camino hacia un conocimiento más espiritual de sí mismo.

(Editorial aparecido en el número 57 de la revista Tao tien)

¡De nuevo, la primavera!

Vivimos en un momento en el que todo el mundo se interesa por la ecología. Se discute por los problemas ambientales en todos los sectores de la vida social, y son muchas las noticias que nos bombardean y que provocan que nuestra mente se vuelva cada vez más aprensiva acerca de cuál puede ser el destino del ecosistema, invadiéndonos, en muchos casos, una sensación de frustración, pues nos sentimos impotentes ante la magnitud y complejidad de semejante problemática.
Pero, por otra parte, hay un ambiente tan contaminado como ignorado, en el cual podemos y debemos intervenir, en el que nosotros –y solo nosotros– somos los responsables directos de su degradación y desequilibrio. Este ecosistema, altamente contaminado, no es otro que nuestra mente, nuestro sistema psicofísico, que parece haberse convertido en una especie de vertedero ilegal en el cual, todos, incluidos nosotros mismos, vertemos todo tipo de elementos contaminantes.

A medida que el ritmo de la vida moderna ha ido acelerándose, las técnicas de las artes de la relajación, de la concentración, de la meditación se vuelven cada vez más importantes para poder encontrar una armonía entre los cuatro aspectos fundamentales de nuestra naturaleza: mental, emocional, energético y físico. Hemos aprendido a pilotar naves espaciales, a emplear la energía atómica, la del sol y la del viento, a comunicar a través de las distancias microscópicas y macroscópicas del universo. Pero ¿cuánto tiempo y dinero hemos invertido para conocer y gobernar los poderes de ese otro universo, el interior? ¿Hasta qué punto hemos logrado crear un mundo de paz y armonía? Todavía son pocos los que han aprendido las técnicas más sencillas que sirven para mantenerse en forma y hacer posible la sintonización mente-cuerpo.
Considerando todo lo dicho, es evidente que tenemos mucho que aprender de las antiguas ciencias y artes que enseñaron –a través de un conocimiento holístico– cómo armonizar lo material y lo espiritual. En la tradición oriental seguimos encontrando métodos potentes y eficaces que, además de liberarnos del estrés y la tensión, nos ayudarán a abrirnos a una nueva visión de la vida que nos permita comprender la naturaleza de la mente y los mecanismos que operan en esta realidad sujeta a un continuo proceso de transformación.
Hagamos lo imposible para que ese proceso nos lleve hacia un mundo nuevo y mejor.

(Editorial aparecido en el número 56 de la revista Tao tien)

Ya estamos en invierno.

El día 7 del pasado mes de noviembre, se cumplió el primer aniversario de la muerte de Jorge Ruiz, nuestro Maestro de Tai chi chuan, a quien seguimos añorando con ese sentimiento que surge de lo más profundo del corazón… y que las palabras no son capaces de expresar en toda su plenitud.
En este tiempo transcurrido, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que no ha habido día alguno en que su recuerdo no haya estado presente, que no hayamos evocado su figura, pues, como no podía ser de otra manera, la práctica cotidiana del noble y maravilloso arte del Tai chi chuan, que él nos enseñó, ha venido haciendo que así sea.
Los que nos consideramos sus discípulos en esta auténtica vía de las artes marciales filosóficas –el Tai chi filosófico– tenemos la sensación, íntima e intransferible, de que él no se ha marchado, que, de alguna manera, sigue estando entre nosotros, como si de un ángel custodio se tratase, lo cual no es ninguna fantasía, pues hay cosas cuya comprensión solo es posible con el lenguaje del corazón.

En este boletín que él tanto apreciaba, queremos rendir homenaje a su memoria, y pensamos que no hay mejor manera de hacerlo que seguir transmitiendo su enseñanza: desde que se fundara la escuela que da nombre a esta publicación y a lo largo de más de un cuarto de siglo, ha llegado a cientos de personas que han aprendido a armonizar su mente, sus emociones y su cuerpo, desarrollando una mayor capacidad de centralización, y que, en muchos casos, han empezado a hacerse preguntas –ahí comienza el filosofar– que nunca antes se habían hecho.
Aquellos que en la búsqueda de respuestas han dado un paso más en el conocimiento y práctica de esta vía de conocimiento interior a la que también solemos referirnos como El Boxeo de la Cima Suprema, han podido constatar la vital importancia de las claves de la enseñanza de Jorge para no perdernos en nuestro caminar por el laberinto de la vida, lo cual le agradeceremos eternamente.
Aún resuenan los ecos de su voz cuando nos decía: «El enemigo es siempre uno mismo», «La mejor defensa es la serenidad», «Tú eres tu propio centro de poder»…

(Editorial aparecido en el número 55 de la revista Tao tien)