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10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Taijiquan>>leer más

CLASES

Centro Hispalia:

-Lunes de 17:30 a 18:30 Nei kung, de 18:30 a 20:00 primer nivel de Taijiquan y de 20:00 a 21:00 segundo nivel.

-Miércoles de 18:00 a 19:30 Nei kung.

Centro Cívico Las columnas:

- Viernes de 18:00 a 20:00 Taijiquan.

Universidad Popular de Alcalá de Guadaira:

-Lunes de 9:30 a 12:30 primero y segundo niveles de Taijiquan.

-Martes y jueves de 18:00 a 19:00 (primer nivel de Taijiquan) de 19:00 a 20:00 (segundo nivel) y de 20:00 a 21:00 (tercer nivel)

¡Ha llegado el otoño!

Decían los viejos filósofos que no hay nada más permanente que el cambio, pues, como bien podemos comprobar, todo en la naturaleza está sujeto a un continuo proceso de transformación en el que las formas cambian aunque las esencias prevalecen: el Taijiquan es un buen ejemplo de cómo acercarse a lo esencial, a lo trascendente, a través de los distintos pasos que van marcando nuestra transformación como seres humanos.
En este noble arte, auténtico tesoro de la humanidad, podemos encontrar la sabiduría de una de las civilizaciones más antiguas y refinadas del mundo: la china. Se conjugan en él, de manera tan irrepetible como única, las técnicas de combate, la ciencia médica china, la filosofía taoísta y la riqueza de los pensamientos confucionista y budista. En pocas palabras, podríamos decir que es un arte marcial y un arte del cuerpo, una filosofía y una ciencia médica. El Taijiquan es una vía maestra (Tao) para caminar en el mundo y adentrarse en el universo humano. Su recorrido, trazado durante el transcurso de los siglos, ha exigido la contribución de generaciones de maestros y practicantes. Cada  aspecto,  desde  el  más  sencillo  hasta  el  más

complejo, ha sido analizado no solo en sí mismo, sino también en relación con todos los demás, y sometido al más riguroso de los exámenes experimentales: la lucha para la supervivencia.
Así, al cabo del tiempo, ha surgido un arte con un grado de perfección tan elevado, que es capaz de dar a cada cual la respuesta que necesita: al artista marcial en su búsqueda de un arte eficaz pero no violento, a aquel que busca un sentido a su propia existencia, a los cultores del arte del movimiento como herramienta de crecimiento personal, y también a aquellos que sencillamente están interesados en el bienestar psicofísico. Es una visión global, holística, del ser humano, desde los planos físico, energético, emocional y mental hasta llegar, finalmente, a la dimensión espiritual: el Boxeo de la Cima Suprema.
Verdadero camino (Tao) de investigación, desarrollo y transformación, el Taijiquan representa para el hombre moderno un instrumento ideal para lograr ese equilibrio que necesariamente se desprende de la armonía cuerpo-mente, fortaleciendo la salud y despertando la conciencia a aquellos aspectos más sutiles de nuestro ser.

(Editorial aparecido en el número 74 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

Estamos viviendo momentos críticos, aciagos, llenos de incertidumbre, en los que parece que ciertos fantasmas del pasado vuelven a perfilarse en nuestro horizonte más inmediato.
En momentos así, para desarrollar una actitud y comportamientos adecuados a lo que las circunstancias nos exigen, es necesario aferrarse a los valores de siempre, a aquellos que son atemporales, como bien demuestra la historia de la humanidad. Y es entonces cuando volvemos a hablar de la justicia, el valor, el honor, el espíritu altruista, la entrega generosa y desinteresada a todas las causas nobles y justas… olvidándonos totalmente de nosotros mismos.

Echando un vistazo a la historia de China, nos encontramos con que hubo muchos períodos en los que esos principios entraron en crisis como consecuencia del vacío existencial que provoca la caída en el materialismo, el adormecimiento de la conciencia y la creación de necesidades totalmente artificiales.
Los maestros de Taijiquan jugaron un papel muy importante en esos momentos de la historia, aplicando los códigos éticos tan necesarios para la convivencia en paz y armonía, siendo considerados como símbolos vivientes de la sabiduría. Gozaban de un gran respeto entre la gente, pues practicaban la justicia, la caridad, la educación y las artes medicinales como algo que formaba parte integrante de sus vidas.
Los maestros, discípulos y practicantes en general del Taijiquan pensaban que las personas debían autodisciplinarse para ser espirituales, amables, inteligentes y estar sanas; para ser responsables para ayudar a los demás a alcanzar los mismos niveles de realización; para poder descubrir la verdad en cada cosa; para luchar sin miedo contra la inmoralidad y la injusticia, defendiendo y protegiendo a los más débiles y necesitados. El aspecto marcial del Taijiquan se desarrolló con la voluntad clara y decidida de alcanzar dichos objetivos.
Hay algo que nunca deberíamos olvidar: cualquier arte, ciencia, disciplina o actividad del ser humano que, en sus fundamentos, no obedezca a una filosofía y ética profundas, no podrá tener continuidad en el tiempo y, por lo tanto, no hará historia. Como dijo Alejandro Magno: De la conducta de cada uno depende el futuro de todos.

(Editorial aparecido en el número 73 de la revista Tao tien)

¡De nuevo, la primavera!

A la luz de la ancestral sabiduría china, el hombre es concebido como un auténtico puente entre el cielo y la tierra, entre el mundo espiritual y el mundo terrenal, entre lo de arriba y lo de abajo, desempeñando un inequívoco papel de equilibrador y armonizador entre lo uno y lo otro.
La filosofía china contempla un cosmos ordenado, una escala de fuerzas en  la  cual  cada  entidad  ocupa  su  justo  lugar,  y  debe  atenerse,  por  lo tanto, a sus leyes propias y a la naturaleza que le han otorgado los dioses celestes.

El hombre es, junto con la tierra, el cielo y el Tao (Ley o Camino), uno de los cuatro grandes, y solo puede armonizar las fuerzas del yin (terrestre) y el yang (celeste) equilibrando a la perfección su progreso material y espiritual. Si no lo hace así, el espíritu verdadero puede morir y el equilibrio del mundo puede romperse, tal y como, desgraciadamente, lo estamos observando en la actualidad: cambio climático, catástrofes, guerras y pobreza.
Nosotros, gracias a los poderes latentes que hay en nuestra naturaleza humana, podemos corregir las cosas que se están haciendo mal sobre la faz de este planeta, el cual, en unión con el cielo, ha de ser objeto de nuestro amor: es nuestro deber amarlo, sin condiciones ni pretextos.
Ese equilibrio entre lo de arriba y lo de abajo no es posible sin el cultivo de aquellas virtudes que nos son propias como seres humanos, y, por supuesto, resultaría inalcanzable si seguimos destruyendo el medio ambiente con un consumo desmedido, irresponsable y que atenta contra el más elemental sentido ecológico.
Si logramos que nuestros pensamientos y nuestra forma de vida se vuelvan más positivos, haremos realidad, casi con total seguridad, la armonía entre el cielo y la tierra, y la humanidad, entonces, cumpliría con su cometido más esencial: puente sagrado entre lo uno y lo otro.

(Editorial aparecido en el número 72 de la revista Tao tien)

Estamos en invierno.

En la práctica del Taijiquan, es habitual que la palabra conciencia se mencione frecuentemente, pues, no en vano, esta disciplina es denominada por muchos como el arte de la conciencia.

Vivimos en un mundo en el que resulta un auténtico reto el mantener una cierta continuidad en eso que llamamos estado de conciencia, que sería un paso previo a lo que los viejos filósofos llamaban la conciencia sabia, o sea, un estado impersonal que se halla desprovisto de expectativas acerca de lo que vendrá y de lo que pasó, permitiéndose, de esta manera, que el momento presente se despliegue en todo su potencial eterno, haciendo posible eso que se hace patente en nuestra práctica: solo existe el aquí y ahora.
Muchas personas, incluso las que están inmersas en la búsqueda espiritual, olvidan que las ideas del pasado y lo que se espera o proyecta hacia el futuro, ambos, son los peores enemigos de la propia conciencia plena, la cual funciona de un modo ecuánime y desvinculada del ego productor de ilusiones. Todas las enseñanzas que podemos extraer del momento presente, que se sucede de manera continua en nuestro tiempo humano, instante tras instante, son pasadas por alto al caer en las trampas de la memoria o en las planificaciones del futuro: la mente cargada de recuerdos, añoranzas o apegos a lo que ya pasó no puede poner el corazón y la esencia de la conciencia en la realidad vibrante del aquí y ahora.
Los estados de conciencia, profundos o superficiales, son los que marcan la distancia entre vivir despiertos o dormidos, entre la posibilidad de vivir libres en el espíritu o seguir esclavizados por las cosas materiales, mundanas. Tenemos que abrir el corazón y sentirnos una unidad con el gran todo, no olvidando que no somos algo aparte, que todos formamos parte de esa gran unidad que continuamente está interactuando y que abarca absolutamente todas las cosas. La conciencia interior, que tantas veces amordazamos con nuestra mente racional y con nuestra implicación excesiva en las cosas mundanas, nos ha de llevar, inexorable y necesariamente, más tarde o más temprano, a un cielo abierto en el interior… y entonces sonará una sublime e inconfundible voz que nos dirá:
Tu ego separado ha muerto; ahora, tu ser completo está en todo el universo, y eres todo lo que ves y ya no existes fuera del gran espacio omniabarcante. Tú mismo, mirando la vida, y la vida mirándote a ti, sois la misma conciencia.

(Editorial aparecido en el número 71 de la revista Tao tien)

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