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10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Tai Chi Chüan>>leer más

CURSO DE DEFENSA PERSONAL. MÓDULO NACIONAL DEL INSTITUTO BODHIDHARMA

Se celebrará en el colegio “Antiguo Reina Fabiola” de Alcalá de Guadaíra (Avda. Santa Lucía, frente a la cafetería “La Trufa”), el sábado 13 de diciembre en horario de 10 a 14 horas. Cuota: 25 euros.

PRACTICA DE LA FORMA DE ESPADA DE 32 POSICIONES. PROGRAMA DE LA ESCUELA  DE PEKIN

Ha comenzado a desarrollarse el entrenamiento básico de las aplicaciones marciales de Tai chi jian (Tai chi con espada), con los taochis más avanzados (tercer nivel), de la Universidad Popular y del Centro Cívico “Las Columnas”. Con los alumnos del Centro Hispalia, se inició el aprendizaje de dicha Forma el pasado mes de septiembre.

Ha llegado el otoño.

Han pasado más de doce años desde que saliera a la luz el primer número de nuestro boletín Tao Tien, publicación que surgió con la idea de profundizar en la filosofía de los estilos internos, teniendo como eje –no podía ser de otra manera- el muy noble, a la vez que profundo, arte del Tai chi chuan.
En el tiempo transcurrido, han girado en torno a este eje multitud de temas con un denominador común: el enfoque filosófico. Ciertamente, la filosofía es el centro del que parten, a la manera de los radios de una rueda, todas las artes marciales que se han convertido en objeto de nuestra investigación  y que son auténticas vías para la exploración y conocimiento del universo interior del ser humano. Así, y no de otro modo, podemos decir que son legítimas.

Con la humildad que ha de caracterizar a todos aquellos que nos sentimos filósofos –también de las artes marciales- sin caer en fantasías ni vanidosas pretensiones que lo único que harían sería atentar contra el verdadero espíritu de la práctica de tan nobles artes… reiteramos nuestro compromiso de seguir rescatando, en la medida de nuestras posibilidades y en lo que nos toca, esa filosofía.
En este número –muy especial, pues se trata del cincuenta- hemos realizado una visión retrospectiva de todo lo publicado hasta el momento, seleccionando aquellos artículos que consideramos más significativos  y  que  mejor  ilustran  y  reflejan  las  distintas  etapas que  han ido  sucediéndose  en  la  evolución  de  nuestra  Escuela  de  Tai  chi chuan.

(Editorial aparecido en el número 50 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

En muchas ocasiones, en el transcurso de las clases de Taijiquan –arte que se ha convertido en una herramienta verdaderamente útil para explorar el universo interior–, hay quienes se preguntan: ¿qué tendríamos que hacer para ser más espirituales sobre esta tierra?

Es de sentido común que esto puede lograrse siendo nosotros mismos más espirituales y nobles, teniendo este mensaje muy presente en nuestra mente todos los días, pues solo podemos aspirar a un mundo más limpio desde el momento en que empecemos limpiando nuestras manchas, nuestros puntos negros, nuestros egoísmos… Para que esto sea posible, tenemos que despertar la conciencia.

Vivir sin conciencia es vivir sin luz. Vivir sin luz es vivir en la oscuridad de la ignorancia. Vivir en la oscuridad de la ignorancia es la causa que nos hace caer en el olvido de que formamos parte de una única realidad en la que el sujeto y el objeto son una misma cosa, y que los problemas y conflictos del ser humano aparecen en el momento en que se produce esa discriminación entre sujeto y objeto, la separación entre el espíritu y la naturaleza. Es como si la conciencia se dividiera en dos grandes compartimentos: por un lado, cree que la percepción de los sentidos y el pensamiento lógico son fiables, y por el otro lado, piensa que los sentimientos e intuiciones son algo de lo que desconfiar, con un matiz incierto y variable.

A través de la práctica de las artes marciales filosóficas hemos podido experimentar, en esos momentos un tanto especiales y mágicos, que el observador y lo observado pueden fundirse, hacerse una unidad, y es entonces cuando una breve mirada sobre el mundo o una súbita intuición, se convierten en algo más cierto que la lógica más aplastante o que la más elaborada explicación de las cosas.

Para poder hacer realidad un mundo nuevo y mejor, en el que vayan desapareciendo progresivamente el antagonismo y la separación, hemos de esforzarnos en poner el corazón en todo lo que hagamos, participando de la unidad esencial de todas las cosas.

(Editorial aparecido en el número 49 de la revista Tao tien)

¡De nuevo, la primavera!

La sociedad occidental de este tercer milenio, al igual que sucedía a finales del anterior, viene dando muestras de numerosos y variados síntomas de cansancio, de falta de salud… de enfermedad. Haciendo un análisis de la situación que estamos viviendo,  nos percatamos de que el abandono de los valores tradicionales ha ido desarraigando al hombre occidental de su pasado, dejándole vacío de cara al futuro. La dependencia de la tecnología, el abandono de las labores del campo, el hacinamiento en los núcleos urbanos, el consumismo y la falta de valores espirituales, convierten a los ciber-urbanitas de este tercer milenio en simples objetivos de las campañas de ventas, en moradores de artificiales y deshumanizadas oficinas que apenas regresan unas horas al día a sus casas para descansar y preparar una nueva jornada de trabajo.

Nos encontramos con que el estrés y los hábitos sedentarios, la alimentación cada vez menos natural (comida basura, plastificada, transgénica, etc.), el abuso de sustancias nocivas (tabaco, alcohol, drogas) y estimulantes, así como de todo tipo de fármacos, están provocando una serie de deficiencias y carencias en la salud del hombre actual, así como de enfermedades crónicas.

Es por todo ello que, hoy más que nunca, el hombre necesita realizar algún tipo de ejercicio que le permita restablecer su salud, prevenir las enfermedades y alcanzar el bienestar físico y mental. El auge del Tai chi chuan en Occidente como “fuente” de salud y longevidad respondería a esa búsqueda por reencontrar el equilibrio entre el cuerpo y la mente, entre la salud física y psíquica, pues sólo entonces el hombre puede vislumbrar los horizontes que le lleven al conocimiento de sí mismo.

(Editorial aparecido en el número 48 de la revista Tao tien)

Ya estamos en invierno.

Se acerca el final de este 2013, otro año más, marcado por una crisis de la que parece que no se libra absolutamente nada ni nadie.
Es indudable que vivimos una grave crisis… pero que ante todo es una crisis de valores. Aquellos valores –los morales y espirituales- que hacen la vida digna de ser vivida, que tenga un fundamento y un sentido, son cuestionados, se ven fuertemente erosionados, socavados e incluso subvertidos por actitudes que reflejan una clara irresponsabilidad, ante uno mismo y ante los demás. Entre estos valores, hay uno que ha sufrido especialmente este proceso de erosión y de decadencia, hasta tal punto, que hoy día podría considerarse en proceso de extinción o prácticamente desaparecido: el honor.

invierno

Si se hiciera un sondeo sobre este tema, es muy probable que un alto porcentaje de opiniones coincidirían en que el honor es algo que pertenece a tiempos pasados, por lo tanto algo trasnochado, anticuado y que actualmente resulta inútil. Para muchos, una especie de quimera que no sirve para nada, o, en todo caso, sólo para generar problemas y complicaciones, por lo que lo más aconsejable es olvidarlo, enterrarlo para siempre, considerándolo algo poco menos que proscrito.
Si por sentido del honor entendemos el conjunto de valores morales que determinan la conducta, la forma de actuar de una persona, está claro que actualmente, en el tipo de sociedad en la que vivimos, en la que parece que todo vale, en la que da igual ser honrado o no serlo –ser un desalmado- en la que únicamente importa consumir y producir, enriquecerse lo más rápidamente posible -como sea y a costa de quien sea- pasarlo bien y divertirse al máximo, este valor, tan importante para poder desarrollar lo mejor del ser humano, parece que está como fuera de juego, como si no pintara nada. El sentido del honor es un sentido con poco sentido hoy día.
Urge, cada día más, rescatar este valor ético fundamental, raíz de otros muchos valores y que constituye la base de la vida personal, noble y creadora. Es la clave de los mejores momentos de nuestra historia como seres humanos, pues, es este, el sentido del honor, el que entendemos como sentido del deber, sentido de la ética y sentido de los valores: es una necesidad vital del alma humana.

(Editorial aparecido en el número 47 de la revista Tao tien)