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10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Taijiquan>>leer más

CURSO DE TAIJI MARCIAL

Los días 11 y 12 de marzo, en el centro Hispalia, tendrá lugar el segundo curso de Taiji marcial dirigido por el Secretario Nacional del Instituto Bodhidharma, Pedro Bernat, en el que seguirá profundizando en el control del miedo y la ansiedad, las claves para lograr la serenidad en la acción, etc., y cómo traducir todo esto en las aplicaciones del Taiji marcial. Horarios: charla del viernes, a las 20.30 h., práctica del sábado, de 10 a 13 h. y de 15 a 18 h.

Pedro Bernat enseñará las claves internas de la filosofía del Taiji y su aplicación marcial, en los aspectos técnicos y en todos aquellos que tienen que ver con nuestra vida, a través del desarrollo del “Círculo de Potencialidad” (la conciencia, la memoria, la imaginación, la atención y el discernimiento).

CLASES

-Centro Cívico Las columnas:
Viernes de 18 a 20 horas (Taijiquan).
-Centro Hispalia:
Lunes, Nei Kung de 17:30 a 18:20 horas y Taijiquan de 18:30 a 20 horas (iniciación) y de 20 a 21 horas (avanzados).
-Universidad Popular de Alcalá de Guadaira:
Lunes, de 9 a 12 horas y martes y jueves de 18 a 19 horas (1er Nivel), de 19 a 20 horas (2º Nivel) y de 20 a 21:30 horas (3er Nivel).

Ya estamos en invierno.

Vivimos en un mundo salpicado de conflictos de todo tipo, en el que han proliferado los grupos tribales de todos los colores y tendencias que solo persiguen sus propios intereses –particulares y egoístas–, estando sus planteamientos totalmente carentes de una visión trascendente e integradora de las cosas, la cual no es posible sin un poco de paz interior.
Todas las cosas resultan más armoniosas a medida que vamos logrando una mayor paz interior, siendo conscientes de que esta no puede verse alterada por rumores o por las siempre cambiantes corrientes de opinión, detrás de las cuales, en muchas ocasiones, solo se esconden intereses pecaminosos. La auténtica y permanente paz del corazón no se expresa exclusivamente en una práctica decidida y realista de la no violencia física y verbal, sino que además se manifiesta en una pureza y en una atención consciente sobre los propios pensamientos e ideas, controlando aquellas emociones que puedan resultar perturbadoras. De alguna manera –y valga el símil–, tenemos que hacer el papel de policía y de censor para no generar violencia en el propio pensamiento, pues no es suficiente ser pacífico en los hechos y en las palabras que dirigimos a los demás: la paz hay que crearla desde el fondo de un pensamiento comprensivo y amoroso.

Desde el momento en que todos nosotros –como la gran familia humana que somos– vamos en el mismo barco de la existencia, estamos estrechamente relacionados unos con otros, de tal forma, que, si nos perjudicamos sutil o abiertamente, estamos rompiendo esa armonía universal y, consecuentemente, destruyendo la paz.
Encarnar la guerra y la paz al mismo tiempo es, sencillamente, imposible. O una cosa o la otra. Como bien enseñaron los maestros de sabiduría, en el progreso espiritual no hay camino medio entre el bien y el mal, aunque en otras cosas este camino medio sea la norma infalible. Así como la verdad de la paz solo tiene un camino, la mentira del odio puede transitar por muchos senderos diferentes.
Los viejos maestros también nos enseñaron cómo erradicar las causas del dolor y poder retornar a la fuente de la que todo surgió en un determinado momento: es ahí donde encontraremos el centro inmóvil en torno al que giran nuestras vidas y la paz permanente.

(Editorial aparecido en el número 59 de la revista Tao tien)

Ha llegado el otoño.

Algo muy importante que enseñamos en la práctica de las artes marciales filosóficas es la diferencia fundamental que existe entre estas y lo que entendemos como una simple pelea, una diferencia que no guarda ninguna relación con la eficacia o con la técnica; todas las artes marciales formaban parte originalmente de un sistema completo de aprendizaje cuyo último objetivo consistía en la transformación radical de la propia existencia del practicante. Aunque muy a menudo se ignoren, se infravaloren o se rechacen estas raíces, la dimensión espiritual constituiría la esencia de las artes marciales.

A la luz del estudio comparativo, podemos constatar que en todas las culturas existe una tradición marcial que normalmente está ligada de alguna forma al desarrollo espiritual (los griegos incluían la lucha en sus Juegos Olímpicos, y la figura del héroe venciendo a un monstruo, un demonio o un rey malvado suele presentársenos como uno de los arquetipos principales de la mitología). Pero es en Oriente donde la práctica de estas artes ha alcanzado las cotas más altas y donde ha experimentado mayor desarrollo. Parece ser que las artes marciales comenzaron a practicarse en la India (aunque es muy poco lo que sabemos sobre esta primera etapa) y se difundieron posteriormente (como el budismo), llegando hasta China. Allí encontraron una tierra perfectamente abonada: la actitud pragmática del pueblo chino y el taoísmo, religión mística que resalta la importancia de la naturaleza y el cuerpo, contribuyeron al desarrollo de un gran número de sistemas de combate estrechamente relacionados con las escuelas de formación espiritual. Las artes marciales, tanto en su aspecto físico como espiritual, se extendieron desde aquí a otros muchos puntos del Oriente, llegando a Occidente a principios del siglo XX.
Para entender correctamente lo que son las artes marciales –tratando de evitar confusiones y puntos de vista un tanto erróneos–, hace falta considerar no solo el aspecto técnico, sino también el psicológico y el metafísico. En este sentido, es de vital importancia entender cómo una actividad física –estrechamente vinculada al campo del deporte– puede llegar a abordar temas como la transformación psicoespiritual y la naturaleza de la realidad. Esto es lo que pretendemos a través del conocimiento y práctica de la filosofía de las artes marciales.

(Editorial aparecido en el número 58 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

Actualmente, problemas, preocupaciones y responsabilidades ocupan de tal manera nuestras vidas que nos olvidamos de pararnos a reflexionar, a meditar sobre los propios procesos interiores. A fin de poseer equilibrio y serenidad, desarrollar una mente fuerte y flexible, resistente y bien coordinada y en armonía con los otros aspectos de nuestra naturaleza, hay que comprender cómo funciona, cómo está organizada y como interactúa con esos otros aspectos. Para hacerlo, arranquemos desde una simple observación: algunas personas han desarrollado solamente determinadas características mentales en lugar de otras; unos, una lógica férrea pero falta de intuición e imaginación, otros una mente imaginativa e intuitiva con escaso sentido lógico.

Estos dos caracteres, el frío calculador de lógica inflexible y el poeta o el artista, conviven en nosotros y representan, metafóricamente, nuestros dos hemisferios cerebrales y las dos modalidades fundamentales a través de las cuales nuestra mente interactúa con el mundo.
Estas dos personas (el calculador y el poeta), al poseer puntos de vista diferentes, interpretan la realidad de manera diferente y hablan asimismo lenguajes diferentes: uno habla una lengua lógica y racional, y el otro una simbólica y analógica.
Es sabido desde hace varias décadas que estos lenguajes son la expresión de las dos realidades del cerebro. En efecto, el mundo de la racionalidad, gobernado por el hemisferio izquierdo, permite interpretar la realidad en términos  racionales;  por el contrario, el hemisferio derecho gobierna la dimensión intuitivo-imaginativa y la de las ideas que pueden parecer ilógicas o absurdas.
El aprendizaje de este lenguaje interior se ve enormemente favorecido por la práctica del Taijiquan filosófico, pues ayuda al hombre de hoy a descifrar e interpretar las informaciones y mensajes que manan de sus estados interiores más profundos, instaurando, por tanto, un diálogo consigo mismo que le permitirá comprender y gestionar armónicamente las propias sensaciones y emociones, así como sus propios estados de ánimo, abriendo el camino hacia un conocimiento más espiritual de sí mismo.

(Editorial aparecido en el número 57 de la revista Tao tien)

¡De nuevo, la primavera!

Vivimos en un momento en el que todo el mundo se interesa por la ecología. Se discute por los problemas ambientales en todos los sectores de la vida social, y son muchas las noticias que nos bombardean y que provocan que nuestra mente se vuelva cada vez más aprensiva acerca de cuál puede ser el destino del ecosistema, invadiéndonos, en muchos casos, una sensación de frustración, pues nos sentimos impotentes ante la magnitud y complejidad de semejante problemática.
Pero, por otra parte, hay un ambiente tan contaminado como ignorado, en el cual podemos y debemos intervenir, en el que nosotros –y solo nosotros– somos los responsables directos de su degradación y desequilibrio. Este ecosistema, altamente contaminado, no es otro que nuestra mente, nuestro sistema psicofísico, que parece haberse convertido en una especie de vertedero ilegal en el cual, todos, incluidos nosotros mismos, vertemos todo tipo de elementos contaminantes.

A medida que el ritmo de la vida moderna ha ido acelerándose, las técnicas de las artes de la relajación, de la concentración, de la meditación se vuelven cada vez más importantes para poder encontrar una armonía entre los cuatro aspectos fundamentales de nuestra naturaleza: mental, emocional, energético y físico. Hemos aprendido a pilotar naves espaciales, a emplear la energía atómica, la del sol y la del viento, a comunicar a través de las distancias microscópicas y macroscópicas del universo. Pero ¿cuánto tiempo y dinero hemos invertido para conocer y gobernar los poderes de ese otro universo, el interior? ¿Hasta qué punto hemos logrado crear un mundo de paz y armonía? Todavía son pocos los que han aprendido las técnicas más sencillas que sirven para mantenerse en forma y hacer posible la sintonización mente-cuerpo.
Considerando todo lo dicho, es evidente que tenemos mucho que aprender de las antiguas ciencias y artes que enseñaron –a través de un conocimiento holístico– cómo armonizar lo material y lo espiritual. En la tradición oriental seguimos encontrando métodos potentes y eficaces que, además de liberarnos del estrés y la tensión, nos ayudarán a abrirnos a una nueva visión de la vida que nos permita comprender la naturaleza de la mente y los mecanismos que operan en esta realidad sujeta a un continuo proceso de transformación.
Hagamos lo imposible para que ese proceso nos lleve hacia un mundo nuevo y mejor.

(Editorial aparecido en el número 56 de la revista Tao tien)