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10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Tai Chi Chüan…>>leer más

¡Ya está aquí el verano!

Otro año más, hemos atravesado el solsticio de verano entrando en la estación más calurosa del año, esa en la que las cosas alcanzan su punto de madurez.


De la misma manera, en nuestra Escuela de Tai chi chuan, la práctica que venimos realizando durante años es, cada nuevo verano, un poco más madura, más definida, reflejando con mayor claridad y fidelidad si cabe, los principios filosóficos que la iluminan, sin los cuales esta disciplina no pasaría de ser un simple deporte.
Y no puede ser un simple deporte porque este arte nos enseña a armonizarnos con la madre naturaleza como la Realidad originaria y última, la cual no puede ser captada desde un punto de vista meramente intelectual, mediante discriminaciones conceptuales, sino, más bien, a través de la Vía del Corazón (Intuición), adiestrándonos en el singular, extraño y, a la vez, maravilloso arte de vaciarnos, de “no pensar”, de aprender a dejar que las cosas fluyan siguiendo su propio ritmo natural, convirtiéndonos en atentos observadores -militantes y activos- de ese Gran Flujo.
Los legendarios maestros taoístas insistieron en que cultivando el espíritu del vacío y la nada, los seres humanos podían liberarse de la tendencia a clasificar las cosas como buenas o malas, evitando así el caer en el ilusorio y polarizado juego del agrado y el desagrado, la atracción hacia unas cosas y el rechazo hacia otras, pues, no olvidemos, lo verdaderamente natural es lo indiferenciado.
A través de la práctica de El boxeo de la Gran Polaridad (Tai chi chuan), vamos experimentando una serie de transformaciones interiores que nos permiten tomar conciencia de lo anteriormente dicho, desarrollando una actitud de sabia resignación ante el propio Destino.
Fortaleciendo el cuerpo, potenciando la energía, serenando el corazón y la mente, llegamos a forjarnos como auténticos guerreros del espíritu.

(Editorial aparecido en el número 33 de la revista Tao tien)

Llegó la primavera.

Hacía muchos años que no atravesábamos un equinoccio de primavera precedido de un invierno tan lluvioso, en el que, además, el frío y el viento han hecho acto de presencia de manera tan cruda. Esto nos demuestra, una vez más, que la naturaleza es totalmente cíclica en su devenir: cíclicamente aparecen las inundaciones, las sequías, los terremotos… pues, no lo olvidemos, la Tierra es un ser vivo, un macrobios, que, como tal, tiene sus procesos internos que se manifiestan externamente.
A lo largo de la historia y de las distintas culturas y civilizaciones, la humanidad viene evolucionando a través de un permanente cambio, tal y como reflejan las viejas cosmologías, entre ellas la taoísta, la cual, a través del I Ching (“Oráculo del Cambio”), nos dice que se avecinan grandes transformaciones que llegarán a modificar el panorama que actualmente conocemos de manera un tanto drástica.
Sin caer en ningún tipo de catastrofismo, no se equivocan los que dicen: “esto tiene que explotar por algún lado”, pues, según parece, en esta Edad Media en la que nos encontramos, vamos a asistir a una serie de hechos tan sorprendentes, que sólo podrán ser aceptados –sin convulsiones que puedan romper el centro- por la mente abierta de los filósofos, de los buscadores, sean taoístas o de cualquier otra tendencia. Cada hombre, cada ser humano, gracias a sus poderes latentes, tiene la capacidad de hacer que estos cambios sean positivos y no destructivos.
Esta sociedad en la que vivimos, en la que padecemos más de lo que gozamos, está cada vez más desenfocada, desengañada, descentrada, y carente de un punto de referencia en lo sagrado. Es necesario y urgente volver a las fuentes de la sabiduría atemporal, esa que despierta la conciencia espiritual y nos lleva a vencer nuestros miedos y limitaciones, trascendiendo, incluso, los propios ciclos de lo puramente material.
Esto sólo será posible si somos capaces de crear un verdadero núcleo de fraternidad universal donde todos trabajemos unidos por un mismo Ideal.

(Editorial aparecido en el número 32 de la revista Tao tien)