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10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Tai Chi Chüan…>>leer más

CURSO DE TAI CHI CHUAN

IMPARTIDO POR EL MAESTRO JORGE RUIZ

El día 21 de abril de 2012, el maestro Jorge Ruíz Riquelme, delegado para Europa de la Escuela Oficial de Pekín y discípulo directo del gran maestro Xu Wei Jun, impartió su tercer curso de Tai chi chuan en Sevilla. En las instalaciones deportivas del Distrito Sur.

Horario de prácticas para el Curso 2012-2013:

CENTRO HISPALIA: Lunes y miércoles: de 19,00 a 20,00 h.

CENTRO  CÍVICO LAS COLUMNAS: Viernes: de 10,00 a 11.45 h. y de 18.00 a 20.00 h.

¡De nuevo, la primavera!

La sociedad occidental de este tercer milenio, al igual que sucedía a finales del anterior, viene dando muestras de numerosos y variados síntomas de cansancio, de falta de salud… de enfermedad. Haciendo un análisis de la situación que estamos viviendo,  nos percatamos de que el abandono de los valores tradicionales ha ido desarraigando al hombre occidental de su pasado, dejándole vacío de cara al futuro. La dependencia de la tecnología, el abandono de las labores del campo, el hacinamiento en los núcleos urbanos, el consumismo y la falta de valores espirituales, convierten a los ciber-urbanitas de este tercer milenio en simples objetivos de las campañas de ventas, en moradores de artificiales y deshumanizadas oficinas que apenas regresan unas horas al día a sus casas para descansar y preparar una nueva jornada de trabajo.

Nos encontramos con que el estrés y los hábitos sedentarios, la alimentación cada vez menos natural (comida basura, plastificada, transgénica, etc.), el abuso de sustancias nocivas (tabaco, alcohol, drogas) y estimulantes, así como de todo tipo de fármacos, están provocando una serie de deficiencias y carencias en la salud del hombre actual, así como de enfermedades crónicas.

Es por todo ello que, hoy más que nunca, el hombre necesita realizar algún tipo de ejercicio que le permita restablecer su salud, prevenir las enfermedades y alcanzar el bienestar físico y mental. El auge del Tai chi chuan en Occidente como “fuente” de salud y longevidad respondería a esa búsqueda por reencontrar el equilibrio entre el cuerpo y la mente, entre la salud física y psíquica, pues sólo entonces el hombre puede vislumbrar los horizontes que le lleven al conocimiento de sí mismo.

(Editorial aparecido en el número 48 de la revista Tao tien)

Ya estamos en invierno.

Se acerca el final de este 2013, otro año más, marcado por una crisis de la que parece que no se libra absolutamente nada ni nadie.
Es indudable que vivimos una grave crisis… pero que ante todo es una crisis de valores. Aquellos valores –los morales y espirituales- que hacen la vida digna de ser vivida, que tenga un fundamento y un sentido, son cuestionados, se ven fuertemente erosionados, socavados e incluso subvertidos por actitudes que reflejan una clara irresponsabilidad, ante uno mismo y ante los demás. Entre estos valores, hay uno que ha sufrido especialmente este proceso de erosión y de decadencia, hasta tal punto, que hoy día podría considerarse en proceso de extinción o prácticamente desaparecido: el honor.

invierno

Si se hiciera un sondeo sobre este tema, es muy probable que un alto porcentaje de opiniones coincidirían en que el honor es algo que pertenece a tiempos pasados, por lo tanto algo trasnochado, anticuado y que actualmente resulta inútil. Para muchos, una especie de quimera que no sirve para nada, o, en todo caso, sólo para generar problemas y complicaciones, por lo que lo más aconsejable es olvidarlo, enterrarlo para siempre, considerándolo algo poco menos que proscrito.
Si por sentido del honor entendemos el conjunto de valores morales que determinan la conducta, la forma de actuar de una persona, está claro que actualmente, en el tipo de sociedad en la que vivimos, en la que parece que todo vale, en la que da igual ser honrado o no serlo –ser un desalmado- en la que únicamente importa consumir y producir, enriquecerse lo más rápidamente posible -como sea y a costa de quien sea- pasarlo bien y divertirse al máximo, este valor, tan importante para poder desarrollar lo mejor del ser humano, parece que está como fuera de juego, como si no pintara nada. El sentido del honor es un sentido con poco sentido hoy día.
Urge, cada día más, rescatar este valor ético fundamental, raíz de otros muchos valores y que constituye la base de la vida personal, noble y creadora. Es la clave de los mejores momentos de nuestra historia como seres humanos, pues, es este, el sentido del honor, el que entendemos como sentido del deber, sentido de la ética y sentido de los valores: es una necesidad vital del alma humana.
(Editorial aparecido en el número 47 de la revista Tao tien)

Ha llegado el otoño.

En este otoño que acabamos de estrenar, queremos rendir homenaje a la memoria de algunos queridos compañeros y amigos, que también fueron nuestros guías e instructores, en la práctica de las artes marciales filosóficas… y que dejaron un recuerdo imborrable en la memoria de nuestra alma.

Ellos nos enseñaron que, tanto en lo individual como en lo colectivo, es necesario lograr una armonía completa con los ritmos de la vida y del cosmos, por encima de las influencias de las modas, los cambios sociales y el entorno. Que lo esencial es la vivencia filosófica, a través de la cual vamos superando las diferentes etapas que nos conducen a una genuina experiencia mística de unión con la realidad última; que nos conducen a esa visión de Dragón Dorado del que nos hablan los viejos maestros.

Pues, cuando vemos la unidad de todo cuanto existe, desarrollamos una sensibilidad especial para ceder y comprender los cambios cíclicos de nuestra vida y de nuestro mundo, de tal manera que llegamos a ser ecuánimes y equilibrados ante la desgracia y el éxito, ante el placer y el dolor, ante la vida y la muerte.

Con ellos aprendimos que no hay nada más permanente que el cambio, que todas las cosas son transitorias y que esto forma parte del continuo fluir de la vida en todas sus manifestaciones, que, aceptando que esto es así, entonces dejamos de ser zarandeados y de sufrir emocionalmente como consecuencia de esos cambios, desarrollando una mayor conciencia de lo eterno. También aprendimos que sólo con un gran sentido del humor es como podemos recorrer el camino que nos lleva al conocimiento de nosotros mismos.

Si somos capaces de recrear esto continuamente, con la misma naturalidad con la que respiramos, como si de un mágico ceremonial se tratase, entonces ellos estarán siempre presentes en cada pensamiento, en cada gesto, en cada palabra.

(Editorial aparecido en el número 46 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

Vivimos un momento histórico en el que parece que todo va demasiado acelerado, que todos estamos en una carrera continua, llegándose a convertir nuestra vida en un auténtico frenesí, hasta tal punto, que no tenemos tiempo de pararnos a contemplar la naturaleza y buscar las respuestas que necesitamos. La naturaleza, cuando es contemplada con serenidad y durante el tiempo suficiente, siempre responde a nuestras preguntas.

Si el ser humano de estos tiempos buscase momentos de receptividad y de contemplación serena de vez en cuando, con el simple sonido del agua de un arroyo, podría comprender que la verdad es mística, que no se la puede comprender únicamente por medio de los mecanismos del pensamiento y que, en la misma línea, tampoco se la puede expresar de forma absoluta a través del lenguaje y la escritura.

En relación con el gran misterio de la vida, hay muchos significados que a pesar de comprenderse y captarse de forma intuitiva, no pueden transmitirse oralmente o a través de la escritura; ese gran misterio, en sí mismo, carece de palabras, pero sin las palabras no podemos mostrarlo al mundo… y no siempre encontramos las palabras adecuadas para poder hacerlo. Nos sentimos más cerca de ese misterio cuando logramos dar alguna escapada a la naturaleza y nos ponemos a caminar, perdiéndonos entre montañas y valles, experimentando la expansión de nuestra consciencia más allá de la rutina diaria.

Y suele ser en estos momentos cuando mejor nos damos cuenta de que el pensamiento es sólo una herramienta que está al servicio de esa búsqueda de lo esencial, de aquello con lo que hemos de unirnos, pero sin  caer en la trampa de aferrarnos a ese instrumento, pues entonces perderíamos de vista el verdadero fin para el que lo usamos. Es como un hombre que se pasa toda la vida estudiando las mareas y los océanos, y que cuando se monta en un barco para estudiarlos de cerca, el barco se hunde, y resulta que no sabe nadar.

El contacto –más aún, la comunión- con la madre naturaleza despeja y aclara nuestra mente, liberándola de todas sus preocupaciones y tensiones. Tradicionalmente, dentro de los estilos internos de las artes marciales, el andar y sentarse en algún punto de una hermosa cumbre era considerado como un medio sencillo de practicar una contemplación silenciosa de la vida y de la vibración de la naturaleza: una manifestación pura de la fuerza universal de ese gran misterio.

(Editorial aparecido en el número 45 de la revista Tao tien)