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10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Taijiquan>>leer más

CLASES

Centro Hispalia:

-Lunes de 17:30 a 18:30 Nei kung, de 18:30 a 20:00 primer nivel de Taijiquan y de 20:00 a 21:00 segundo nivel.

-Miércoles de 18:00 a 19:30 Nei kung.

Centro Cívico Las columnas:

- Viernes de 18:00 a 20:00 Taijiquan.

Universidad Popular de Alcalá de Guadaira:

-Lunes de 9:30 a 12:30 primero y segundo niveles de Taijiquan.

-Martes y jueves de 18:00 a 19:00 (primer nivel de Taijiquan) de 19:00 a 20:00 (segundo nivel) y de 20:00 a 21:00 (tercer nivel)

¡De nuevo, la primavera!

Una vez más, hemos atravesado esa puerta astrológica del equinoccio de primavera, algo que, ciertamente, tiene toda su magia, aunque no siempre sepa apreciarse en este mundo tan desquiciado en el que vivimos: el mal uso de la ciencia y la tecnología es, inequívocamente, un factor que contribuye a que así sea.
Hurgando en la historia de la filosofía nos encontramos que hubo filósofos como los presocráticos que, hace ya mucho tiempo, nos advirtieron de los peligros de la fragmentación del saber, de querer analizarlo y dividirlo todo, cayendo en el error de pensar que esto nos hace más sabios.
El progreso científico no es otra cosa que la proliferación de disciplinas especializadas que se escinden cada vez más para iluminarnos cada vez menos. Decimos investigación cuando, en realidad, queremos decir intervención sobre la naturaleza.

Se ha perdido la actitud integradora que caracterizaba a la figura del filósofo-científico de otro tiempo, habiendo quedado reducida la persona a los estrechos límites de la razón; la razón, a entendimiento, y este, a la capacidad de clasificar y de formular leyes sobre el comportamiento de las cosas, olvidando lo que esencialmente une a estas, su identidad.
No. No caigamos en la trampa. Saber de todo es lo contrario a la sabiduría, saber de todo no enseña a comprender. El origen de querer  saberlo  todo  es  la  verdadera  «ausencia  de  sabiduría», pues saber de todo no es sinónimo de conocer, ni fuente de sabiduría.
La sabiduría se consigue no-sabiendo, trascendiendo el intelecto, de tal manera que este no constituya un obstáculo para la vida.
Como bien nos enseñaron nuestros viejos y queridos filósofos, la comprensión y la acción se aúnan en la sabiduría, aprendiendo a conducirnos conforme a lo que marcan las leyes inexorables de la naturaleza, diciendo siempre la verdad: llegamos a conocer la inteligencia que lo gobierna todo a través de todo. Aprendemos a despejar el espacio mental de residuos intelectuales y emocionales que hemos ido acumulando desde la infancia, haciendo sitio a aquellas ideas y sentimientos que, por su naturaleza, verdaderamente pueden alimentar el alma y ayudarnos en el crecimiento interior, y así, hasta que llegue el día en que logremos conquistar la sabiduría… que no tiene dueños, pero sus esclavos son los amos del universo.

(Editorial aparecido en el número 76 de la revista Tao tien)

Estamos en invierno.

En las artes marciales filosóficas enseñamos cuál es la diferencia fundamental que existe entre la práctica de estas y lo que entendemos como una simple pelea, una diferencia que no guarda ninguna relación con la eficacia o con la técnica; todas las artes marciales formaban parte originalmente de un sistema completo de aprendizaje cuyo último objetivo consistía en la transformación radical de la propia existencia del practicante. Aunque muy a menudo se ignoren, se infravaloren o se rechacen estas raíces, la dimensión espiritual constituiría la esencia de las artes marciales.

A la luz del estudio comparativo, podemos constatar que en todas las culturas existe una tradición marcial, que normalmente está ligada de alguna forma al desarrollo espiritual (los griegos incluían la lucha en sus Juegos Olímpicos, y la figura del héroe venciendo a un monstruo, un demonio o un rey malvado suele presentársenos como uno de los arquetipos principales de la mitología). Pero es en Oriente donde la práctica de estas artes ha alcanzado las cotas más altas y donde ha experimentado mayor desarrollo. Parece ser que las artes marciales comenzaron a practicarse en la India (aunque es muy poco lo que sabemos sobre esta primera etapa) y se difundieron posteriormente (como el budismo), llegando hasta China. Allí encontraron una tierra perfectamente abonada: la actitud pragmática del pueblo chino y el taoísmo, religión mística que resalta la importancia de la naturaleza y el cuerpo, contribuyeron al desarrollo de un gran número de sistemas de combate estrechamente relacionados con las escuelas de formación espiritual. Las artes marciales, tanto en su aspecto físico como espiritual, se extendieron desde aquí a otros muchos puntos de Oriente, llegando a Occidente a principios del siglo XX.
Para entender correctamente lo que son las artes marciales —tratando de evitar confusiones y puntos de vista un tanto erróneos—, hace falta considerar no solo el aspecto técnico, sino también el psicológico y el metafísico. En este sentido, es de vital importancia entender cómo una actividad física —estrechamente vinculada al campo del deporte— puede llegar a abordar temas como la transformación psicoespiritual y la naturaleza de la realidad. Esto es lo que pretendemos a través del conocimiento y práctica de la filosofía de las artes marciales.

(Editorial aparecido en el número 75 de la revista Tao tien)

¡Ha llegado el otoño!

Decían los viejos filósofos que no hay nada más permanente que el cambio, pues, como bien podemos comprobar, todo en la naturaleza está sujeto a un continuo proceso de transformación en el que las formas cambian aunque las esencias prevalecen: el Taijiquan es un buen ejemplo de cómo acercarse a lo esencial, a lo trascendente, a través de los distintos pasos que van marcando nuestra transformación como seres humanos.
En este noble arte, auténtico tesoro de la humanidad, podemos encontrar la sabiduría de una de las civilizaciones más antiguas y refinadas del mundo: la china. Se conjugan en él, de manera tan irrepetible como única, las técnicas de combate, la ciencia médica china, la filosofía taoísta y la riqueza de los pensamientos confucionista y budista. En pocas palabras, podríamos decir que es un arte marcial y un arte del cuerpo, una filosofía y una ciencia médica. El Taijiquan es una vía maestra (Tao) para caminar en el mundo y adentrarse en el universo humano. Su recorrido, trazado durante el transcurso de los siglos, ha exigido la contribución de generaciones de maestros y practicantes. Cada  aspecto,  desde  el  más  sencillo  hasta  el  más

complejo, ha sido analizado no solo en sí mismo, sino también en relación con todos los demás, y sometido al más riguroso de los exámenes experimentales: la lucha para la supervivencia.
Así, al cabo del tiempo, ha surgido un arte con un grado de perfección tan elevado, que es capaz de dar a cada cual la respuesta que necesita: al artista marcial en su búsqueda de un arte eficaz pero no violento, a aquel que busca un sentido a su propia existencia, a los cultores del arte del movimiento como herramienta de crecimiento personal, y también a aquellos que sencillamente están interesados en el bienestar psicofísico. Es una visión global, holística, del ser humano, desde los planos físico, energético, emocional y mental hasta llegar, finalmente, a la dimensión espiritual: el Boxeo de la Cima Suprema.
Verdadero camino (Tao) de investigación, desarrollo y transformación, el Taijiquan representa para el hombre moderno un instrumento ideal para lograr ese equilibrio que necesariamente se desprende de la armonía cuerpo-mente, fortaleciendo la salud y despertando la conciencia a aquellos aspectos más sutiles de nuestro ser.

(Editorial aparecido en el número 74 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

Estamos viviendo momentos críticos, aciagos, llenos de incertidumbre, en los que parece que ciertos fantasmas del pasado vuelven a perfilarse en nuestro horizonte más inmediato.
En momentos así, para desarrollar una actitud y comportamientos adecuados a lo que las circunstancias nos exigen, es necesario aferrarse a los valores de siempre, a aquellos que son atemporales, como bien demuestra la historia de la humanidad. Y es entonces cuando volvemos a hablar de la justicia, el valor, el honor, el espíritu altruista, la entrega generosa y desinteresada a todas las causas nobles y justas… olvidándonos totalmente de nosotros mismos.

Echando un vistazo a la historia de China, nos encontramos con que hubo muchos períodos en los que esos principios entraron en crisis como consecuencia del vacío existencial que provoca la caída en el materialismo, el adormecimiento de la conciencia y la creación de necesidades totalmente artificiales.
Los maestros de Taijiquan jugaron un papel muy importante en esos momentos de la historia, aplicando los códigos éticos tan necesarios para la convivencia en paz y armonía, siendo considerados como símbolos vivientes de la sabiduría. Gozaban de un gran respeto entre la gente, pues practicaban la justicia, la caridad, la educación y las artes medicinales como algo que formaba parte integrante de sus vidas.
Los maestros, discípulos y practicantes en general del Taijiquan pensaban que las personas debían autodisciplinarse para ser espirituales, amables, inteligentes y estar sanas; para ser responsables para ayudar a los demás a alcanzar los mismos niveles de realización; para poder descubrir la verdad en cada cosa; para luchar sin miedo contra la inmoralidad y la injusticia, defendiendo y protegiendo a los más débiles y necesitados. El aspecto marcial del Taijiquan se desarrolló con la voluntad clara y decidida de alcanzar dichos objetivos.
Hay algo que nunca deberíamos olvidar: cualquier arte, ciencia, disciplina o actividad del ser humano que, en sus fundamentos, no obedezca a una filosofía y ética profundas, no podrá tener continuidad en el tiempo y, por lo tanto, no hará historia. Como dijo Alejandro Magno: De la conducta de cada uno depende el futuro de todos.

(Editorial aparecido en el número 73 de la revista Tao tien)

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