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10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Tai Chi Chüan>>leer más

CURSO DE CHI KUNG

¡De nuevo, la primavera!

Vivimos en un momento en el que todo el mundo se interesa por la ecología. Se discute por los problemas ambientales en todos los sectores de la vida social, y son muchas las noticias que nos bombardean y que provocan que nuestra mente se vuelva cada vez más aprensiva acerca de cuál puede ser el destino del ecosistema, invadiéndonos, en muchos casos, una sensación de frustración, pues nos sentimos impotentes ante la magnitud y complejidad de semejante problemática.
Pero, por otra parte, hay un ambiente tan contaminado como ignorado, en el cual podemos y debemos intervenir, en el que nosotros –y solo nosotros– somos los responsables directos de su degradación y desequilibrio. Este ecosistema, altamente contaminado, no es otro que nuestra mente, nuestro sistema psicofísico, que parece haberse convertido en una especie de vertedero ilegal en el cual, todos, incluidos nosotros mismos, vertemos todo tipo de elementos contaminantes.

A medida que el ritmo de la vida moderna ha ido acelerándose, las técnicas de las artes de la relajación, de la concentración, de la meditación se vuelven cada vez más importantes para poder encontrar una armonía entre los cuatro aspectos fundamentales de nuestra naturaleza: mental, emocional, energético y físico. Hemos aprendido a pilotar naves espaciales, a emplear la energía atómica, la del sol y la del viento, a comunicar a través de las distancias microscópicas y macroscópicas del universo. Pero ¿cuánto tiempo y dinero hemos invertido para conocer y gobernar los poderes de ese otro universo, el interior? ¿Hasta qué punto hemos logrado crear un mundo de paz y armonía? Todavía son pocos los que han aprendido las técnicas más sencillas que sirven para mantenerse en forma y hacer posible la sintonización mente-cuerpo.
Considerando todo lo dicho, es evidente que tenemos mucho que aprender de las antiguas ciencias y artes que enseñaron –a través de un conocimiento holístico– cómo armonizar lo material y lo espiritual. En la tradición oriental seguimos encontrando métodos potentes y eficaces que, además de liberarnos del estrés y la tensión, nos ayudarán a abrirnos a una nueva visión de la vida que nos permita comprender la naturaleza de la mente y los mecanismos que operan en esta realidad sujeta a un continuo proceso de transformación.
Hagamos lo imposible para que ese proceso nos lleve hacia un mundo nuevo y mejor.

(Editorial aparecido en el número 56 de la revista Tao tien)

Ya estamos en invierno.

El día 7 del pasado mes de noviembre, se cumplió el primer aniversario de la muerte de Jorge Ruiz, nuestro Maestro de Tai chi chuan, a quien seguimos añorando con ese sentimiento que surge de lo más profundo del corazón… y que las palabras no son capaces de expresar en toda su plenitud.
En este tiempo transcurrido, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que no ha habido día alguno en que su recuerdo no haya estado presente, que no hayamos evocado su figura, pues, como no podía ser de otra manera, la práctica cotidiana del noble y maravilloso arte del Tai chi chuan, que él nos enseñó, ha venido haciendo que así sea.
Los que nos consideramos sus discípulos en esta auténtica vía de las artes marciales filosóficas –el Tai chi filosófico– tenemos la sensación, íntima e intransferible, de que él no se ha marchado, que, de alguna manera, sigue estando entre nosotros, como si de un ángel custodio se tratase, lo cual no es ninguna fantasía, pues hay cosas cuya comprensión solo es posible con el lenguaje del corazón.

En este boletín que él tanto apreciaba, queremos rendir homenaje a su memoria, y pensamos que no hay mejor manera de hacerlo que seguir transmitiendo su enseñanza: desde que se fundara la escuela que da nombre a esta publicación y a lo largo de más de un cuarto de siglo, ha llegado a cientos de personas que han aprendido a armonizar su mente, sus emociones y su cuerpo, desarrollando una mayor capacidad de centralización, y que, en muchos casos, han empezado a hacerse preguntas –ahí comienza el filosofar– que nunca antes se habían hecho.
Aquellos que en la búsqueda de respuestas han dado un paso más en el conocimiento y práctica de esta vía de conocimiento interior a la que también solemos referirnos como El Boxeo de la Cima Suprema, han podido constatar la vital importancia de las claves de la enseñanza de Jorge para no perdernos en nuestro caminar por el laberinto de la vida, lo cual le agradeceremos eternamente.
Aún resuenan los ecos de su voz cuando nos decía: «El enemigo es siempre uno mismo», «La mejor defensa es la serenidad», «Tú eres tu propio centro de poder»…

(Editorial aparecido en el número 55 de la revista Tao tien)

Ha llegado el otoño.

Todo en la naturaleza está sujeto a un continuo proceso de transformación, en el que las formas cambian aunque las esencias prevalecen: el Tai chi chuan es un buen ejemplo de cómo acercarse a lo esencial, a lo trascendente, a través de los distintos pasos que van marcando nuestra transformación como seres humanos.

En este noble arte, auténtico tesoro de la humanidad, podemos encontrar la sabiduría de una de las civilizaciones más antiguas y refinadas del mundo: la china. Se conjugan en él, de manera tan irrepetible como única, las técnicas de combate, la ciencia médica china, la filosofía taoísta y la riqueza de los pensamientos confucionista y budista. En pocas palabras, podríamos decir que es un arte marcial y un arte del cuerpo, una filosofía y una ciencia médica. El Tai chi chuan es una vía maestra (Tao) para caminar en el mundo y adentrarse en el universo humano. Su recorrido, trazado durante el transcurso de los siglos, ha exigido la contribución de generaciones de maestros y practicantes. Cada aspecto, desde el más sencillo hasta el más complejo, ha sido analizado no solo en sí mismo, sino también en relación con todos los demás, y sometido al más riguroso de los exámenes experimentales: la lucha para la supervivencia.
Así, al cabo del tiempo, ha surgido un arte con un grado de perfección tan elevado, que es capaz de dar a cada cual la respuesta que necesita: al artista marcial en su búsqueda de un arte eficaz pero no violento, a aquel que busca un sentido a su propia existencia, a los cultores del arte del movimiento como herramienta de crecimiento personal, y también a aquellos que sencillamente están interesados en el bienestar psicofísico. Es una visión global, holística, del ser humano, desde los planos físico, energético, emocional y mental hasta llegar, finalmente, a la dimensión espiritual: el Boxeo de la Cima Suprema.
Verdadero camino (Tao) de investigación, desarrollo y transformación, el Tai chi chuan representa para el hombre moderno un instrumento ideal para lograr ese equilibrio que necesariamente se desprende de la armonía cuerpo-mente, fortaleciendo la salud y despertando la conciencia a aquellos aspectos más sutiles de nuestro ser.

(Editorial aparecido en el número 54 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

Otro año más, nos ha llegado el momento de penetrar en la estación veraniega, esa que es la preferida para muchos y en la que parece que todos nos sentimos como más abiertos, comunicativos y con más ganas de hacer cosas al aire libre. Es una estación asociada con la madurez de las cosas y también con su equilibrio.

Como bien nos enseña la tradición china, el equilibrio es una oscilación entre el yin y el yang, sin estancarnos en ninguno de estos dos principios que mueven todas las cosas, y que convenientemente armonizados nos conducen a una visión equilibrada de la vida humana: aprendemos a contemplar la existencia, a vivir sin miedo –que no es poco– y a desterrar todo tipo de preocupaciones que, casi siempre, suelen ser producto de nuestra mente ilusoria, la cual hemos de conocer y dominar para poder aspirar a ese gran equilibrio que es el universo mismo.
Esto solo será posible si somos capaces de encontrar ese equilibrio en nosotros mismos, lo cual no es tarea fácil, pues la actitud a adoptar no está exenta de ciertas sutilezas que, si nos esforzamos demasiado en equilibrarnos, pueden llevarnos, paradójicamente, a alterar el ritmo natural de las cosas. La armonía de la vida humana es algo natural, espontáneo, que podemos experimentar desde el momento en que dejemos de querer controlarlo todo.
La vía del Tai chi chuan es la vía de la suavidad y la armonía, a través de la cual aprendemos a no forzar las cosas; aprendemos a fluir con todo lo existente y manifestado, captando la esencia y desechando lo puramente formal. Por lo tanto, nuestro pensamiento y acción han de estar orientados a la no resistencia, a evitar el conflicto en cualquiera de sus aspectos, contribuyendo de esta manera a que cada vez reine un mayor grado de armonía entre todos los seres humanos.

(Editorial aparecido en el número 53 de la revista Tao tien)