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10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Taijiquan>>leer más

CURSO DE TAIJI MARCIAL

Los días 11 y 12 de marzo, en el centro Hispalia, se celebró el segundo curso de Taiji marcial dirigido por el Secretario Nacional del Instituto Bodhidharma, Pedro Bernat, en el que siguió profundizando en el control del miedo y la ansiedad, y las claves para lograr la serenidad en la acción, y cómo traducir todo esto en las aplicaciones del Taiji marcial.

Pedro Bernat trató sobre las claves internas de la filosofía del Taiji y su aplicación marcial, en los aspectos técnicos y en todos aquellos que tienen que ver con nuestra vida, a través del desarrollo del “Círculo de Potencialidad” (la conciencia, la memoria, la imaginación, la atención y el discernimiento).

CLASES

-Centro Cívico Las columnas:
Viernes de 18 a 20 horas (Taijiquan).
-Centro Hispalia:
Lunes, Nei Kung de 17:30 a 18:20 horas y Taijiquan de 18:30 a 20 horas (iniciación) y de 20 a 21 horas (avanzados).
-Universidad Popular de Alcalá de Guadaira:
Lunes, de 9 a 12 horas y martes y jueves de 18 a 19 horas (1er Nivel), de 19 a 20 horas (2º Nivel) y de 20 a 21:30 horas (3er Nivel).

¡De nuevo, la primavera!

Un año más, hemos vuelto a atravesar esa puerta astrológica del equinoccio de primavera, algo que, ciertamente, tiene toda su magia, aunque no siempre sepa apreciarse en este mundo tan desquiciado en el que vivimos: el mal uso de la ciencia y la tecnología es, inequívocamente, un factor que contribuye a que así sea.
Hurgando en la historia de la filosofía nos encontramos que hubo filósofos como los presocráticos que, hace ya mucho tiempo, nos advirtieron de los peligros de la fragmentación del saber, de querer analizarlo y dividirlo todo, cayendo en el error de pensar que esto nos hace más sabios.

El progreso científico no es otra cosa que la proliferación de disciplinas especializadas que se escinden cada vez más para iluminarnos cada vez menos. Decimos investigación, cuando en realidad queremos decir intervención sobre la naturaleza. Se ha perdido la actitud integradora que caracterizaba a la figura del filósofo-científico de otro tiempo, habiendo quedado reducida la persona a los estrechos límites de la razón; la razón, a entendimiento, y este, a la capacidad de clasificar y de formular leyes sobre el comportamiento de las cosas, olvidando lo que esencialmente une a estas, su identidad.
No. No caigamos en la trampa. Saber de todo es lo contrario a la sabiduría, saber de todo no enseña a comprender. El origen de querer saberlo todo es la verdadera «ausencia de sabiduría», pues saber de todo no es sinónimo de conocer, ni fuente de sabiduría.
La sabiduría se consigue no-sabiendo, trascendiendo el intelecto, de tal manera que este no constituya un obstáculo para la vida.
Como bien nos enseñaron nuestros viejos y queridos filósofos, la comprensión y la acción se aúnan en la sabiduría, aprendiendo a conducirnos conforme a lo que marcan las leyes inexorables de la naturaleza, diciendo siempre la verdad: llegamos a conocer la inteligencia que lo gobierna todo a través de todo. Aprendemos a despejar el espacio mental de residuos intelectuales y emocionales que hemos ido acumulando desde la infancia, haciendo sitio a aquellas ideas y sentimientos que, por su naturaleza, verdaderamente pueden alimentar el alma y ayudarnos en el crecimiento interior.

(Editorial aparecido en el número 60 de la revista Tao tien)

Ya estamos en invierno.

Vivimos en un mundo salpicado de conflictos de todo tipo, en el que han proliferado los grupos tribales de todos los colores y tendencias que solo persiguen sus propios intereses –particulares y egoístas–, estando sus planteamientos totalmente carentes de una visión trascendente e integradora de las cosas, la cual no es posible sin un poco de paz interior.
Todas las cosas resultan más armoniosas a medida que vamos logrando una mayor paz interior, siendo conscientes de que esta no puede verse alterada por rumores o por las siempre cambiantes corrientes de opinión, detrás de las cuales, en muchas ocasiones, solo se esconden intereses pecaminosos. La auténtica y permanente paz del corazón no se expresa exclusivamente en una práctica decidida y realista de la no violencia física y verbal, sino que además se manifiesta en una pureza y en una atención consciente sobre los propios pensamientos e ideas, controlando aquellas emociones que puedan resultar perturbadoras. De alguna manera –y valga el símil–, tenemos que hacer el papel de policía y de censor para no generar violencia en el propio pensamiento, pues no es suficiente ser pacífico en los hechos y en las palabras que dirigimos a los demás: la paz hay que crearla desde el fondo de un pensamiento comprensivo y amoroso.

Desde el momento en que todos nosotros –como la gran familia humana que somos– vamos en el mismo barco de la existencia, estamos estrechamente relacionados unos con otros, de tal forma, que, si nos perjudicamos sutil o abiertamente, estamos rompiendo esa armonía universal y, consecuentemente, destruyendo la paz.
Encarnar la guerra y la paz al mismo tiempo es, sencillamente, imposible. O una cosa o la otra. Como bien enseñaron los maestros de sabiduría, en el progreso espiritual no hay camino medio entre el bien y el mal, aunque en otras cosas este camino medio sea la norma infalible. Así como la verdad de la paz solo tiene un camino, la mentira del odio puede transitar por muchos senderos diferentes.
Los viejos maestros también nos enseñaron cómo erradicar las causas del dolor y poder retornar a la fuente de la que todo surgió en un determinado momento: es ahí donde encontraremos el centro inmóvil en torno al que giran nuestras vidas y la paz permanente.

(Editorial aparecido en el número 59 de la revista Tao tien)

Ha llegado el otoño.

Algo muy importante que enseñamos en la práctica de las artes marciales filosóficas es la diferencia fundamental que existe entre estas y lo que entendemos como una simple pelea, una diferencia que no guarda ninguna relación con la eficacia o con la técnica; todas las artes marciales formaban parte originalmente de un sistema completo de aprendizaje cuyo último objetivo consistía en la transformación radical de la propia existencia del practicante. Aunque muy a menudo se ignoren, se infravaloren o se rechacen estas raíces, la dimensión espiritual constituiría la esencia de las artes marciales.

A la luz del estudio comparativo, podemos constatar que en todas las culturas existe una tradición marcial que normalmente está ligada de alguna forma al desarrollo espiritual (los griegos incluían la lucha en sus Juegos Olímpicos, y la figura del héroe venciendo a un monstruo, un demonio o un rey malvado suele presentársenos como uno de los arquetipos principales de la mitología). Pero es en Oriente donde la práctica de estas artes ha alcanzado las cotas más altas y donde ha experimentado mayor desarrollo. Parece ser que las artes marciales comenzaron a practicarse en la India (aunque es muy poco lo que sabemos sobre esta primera etapa) y se difundieron posteriormente (como el budismo), llegando hasta China. Allí encontraron una tierra perfectamente abonada: la actitud pragmática del pueblo chino y el taoísmo, religión mística que resalta la importancia de la naturaleza y el cuerpo, contribuyeron al desarrollo de un gran número de sistemas de combate estrechamente relacionados con las escuelas de formación espiritual. Las artes marciales, tanto en su aspecto físico como espiritual, se extendieron desde aquí a otros muchos puntos del Oriente, llegando a Occidente a principios del siglo XX.
Para entender correctamente lo que son las artes marciales –tratando de evitar confusiones y puntos de vista un tanto erróneos–, hace falta considerar no solo el aspecto técnico, sino también el psicológico y el metafísico. En este sentido, es de vital importancia entender cómo una actividad física –estrechamente vinculada al campo del deporte– puede llegar a abordar temas como la transformación psicoespiritual y la naturaleza de la realidad. Esto es lo que pretendemos a través del conocimiento y práctica de la filosofía de las artes marciales.

(Editorial aparecido en el número 58 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

Actualmente, problemas, preocupaciones y responsabilidades ocupan de tal manera nuestras vidas que nos olvidamos de pararnos a reflexionar, a meditar sobre los propios procesos interiores. A fin de poseer equilibrio y serenidad, desarrollar una mente fuerte y flexible, resistente y bien coordinada y en armonía con los otros aspectos de nuestra naturaleza, hay que comprender cómo funciona, cómo está organizada y como interactúa con esos otros aspectos. Para hacerlo, arranquemos desde una simple observación: algunas personas han desarrollado solamente determinadas características mentales en lugar de otras; unos, una lógica férrea pero falta de intuición e imaginación, otros una mente imaginativa e intuitiva con escaso sentido lógico.

Estos dos caracteres, el frío calculador de lógica inflexible y el poeta o el artista, conviven en nosotros y representan, metafóricamente, nuestros dos hemisferios cerebrales y las dos modalidades fundamentales a través de las cuales nuestra mente interactúa con el mundo.
Estas dos personas (el calculador y el poeta), al poseer puntos de vista diferentes, interpretan la realidad de manera diferente y hablan asimismo lenguajes diferentes: uno habla una lengua lógica y racional, y el otro una simbólica y analógica.
Es sabido desde hace varias décadas que estos lenguajes son la expresión de las dos realidades del cerebro. En efecto, el mundo de la racionalidad, gobernado por el hemisferio izquierdo, permite interpretar la realidad en términos  racionales;  por el contrario, el hemisferio derecho gobierna la dimensión intuitivo-imaginativa y la de las ideas que pueden parecer ilógicas o absurdas.
El aprendizaje de este lenguaje interior se ve enormemente favorecido por la práctica del Taijiquan filosófico, pues ayuda al hombre de hoy a descifrar e interpretar las informaciones y mensajes que manan de sus estados interiores más profundos, instaurando, por tanto, un diálogo consigo mismo que le permitirá comprender y gestionar armónicamente las propias sensaciones y emociones, así como sus propios estados de ánimo, abriendo el camino hacia un conocimiento más espiritual de sí mismo.

(Editorial aparecido en el número 57 de la revista Tao tien)