Bienvenidos

10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Taijiquan>>leer más

CLASES

Para el curso 2017-2018, los horarios de clase en la escuela Tao tien serán los siguientes:

Centro Hispalia:

-Lunes de 17:30 a 18:30 Nei kung, de 18:30 a 20:00 primer nivel de Taijiquan y de 20:00 a 21:00 segundo nivel.

-Miércoles de 18:00 a 19:30 Nei kung.

Centro Cívico Las columnas:

- Viernes de 18:00 a 20:00 Taijiquan.

Universidad Popular de Alcalá de Guadaira:

-Lunes de 9:30 a 12:30 primero y segundo niveles de Taijiquan.

-Martes y jueves de 18:00 a 19:00 (primer nivel de Taijiquan) de 19:00 a 20:00 (segundo nivel) y de 20:00 a 21:00 (tercer nivel)

¡Ya llegó el verano!

Estamos viviendo un momento en el que el progreso científico y tecnológico ha alcanzado cotas realmente sorprendentes, increíbles para algunos, poco menos que de ciencia ficción. Pero nos hacemos la pregunta de siempre: ¿ciencia y tecnología van de la mano del desarrollo ético y espiritual del ser humano?
En relación con esto, hay un primer razonamiento que nos dice que todo el progreso tecnológico y la facilidad de acceso a las redes mundiales de información no pueden acelerar la captación intuitiva de la sabiduría que nos permite comprender los fenómenos del mundo y sus raíces espirituales.

Podemos cometer el error de olvidar que todos los avances y descubrimientos que puedan realizarse en lo que a la materia se refiere, han de estar al servicio, de una forma u otra, de una visión más profunda de la naturaleza y del hombre, y que esto pueda traducirse en una mayor armonía y equilibrio tanto en lo individual como en lo social: la sociedad siempre mejorará sobre la base del mejoramiento del individuo.
Como siempre, las claves están en el interior del ser humano, pero se trataría sobre todo de aquellas que nos permitan conectarnos –o reconectarnos– con las leyes que rigen este maravilloso universo en el que nos encontramos y que, de alguna manera, también se encuentran dentro de nosotros.
Esto solo será posible si somos capaces de desarrollar el suficiente grado de confianza en nosotros mismos, cosa que no es nada fácil –pero no imposible– y que nos permitiría encaminar nuestros pasos, constante y perseverantemente, en el verdadero sentido de la vida, sabiendo que todo lo que hacemos obedece a una necesidad, conforme a una finalidad, y que naturalmente culminará en ese destino que nos espera… hacer realidad nuestros mejores sueños.

(Editorial aparecido en el número 65 de la revista Tao tien)

¡De nuevo, la primavera!

En este último número de nuestro boletín hemos dedicado una atención especial a algunos de los maestros conocidos como Los Clásicos del Taijiquan, que, como tales, son las verdaderas fuentes de las que seguiremos bebiendo una y otra vez en la práctica de este noble y maravilloso arte.
Una de las cosas que enseñaron estas grandes figuras tiene que ver con el control del intelecto, con la pretensión -ilusa, por lo demás- de descubrir la verdad que late en el fondo de todas las cosas acumulando más y más conocimiento. No. El conocimiento genera dudas y las dudas provocan que tengamos hambre de más conocimiento: no podemos saciarnos comiendo de este modo.

La sabiduría ancestral nos enseña que podemos alimentarnos de cosas más sutiles; que podemos alimentarnos de que lo que tiene nombre nació de lo que no tiene nombre, de que todo ser fluye del no ser, de que el mundo que se puede descubrir emana de una fuente indescriptible.
Encontrando esta verdad sutil dentro de nuestro propio ser llegamos a estar completamente satisfechos.
La insensatez se ha convertido en una especie de epidemia que se ha extendido peligrosamente, llegando a afectar, incluso, a quienes considerábamos poco menos que perfectamente inmunizados. Consecuencia de esta insensatez son los movimientos impulsivos –no podemos bajar la guardia ante el acoso del dragón emocional- que no conducen absolutamente a ninguna parte. Los sabios saben que la victoria y la derrota se deciden por algo más sutil.
Saben que existe algo perfecto, inalterable, inmutable que está antes de que se haga ningún movimiento.
Esta perfección sutil se deteriora cuando emprendemos acciones artificiales que nos alejan del verdadero y profundo sentido de lo que realmente buscamos, por lo que lo más aconsejable es que nos contentemos con no alterar la paz, que sepamos estar en silencio para poder descubrir la armonía en nuestro propio ser, y, una vez descubierta, aceptarla totalmente.
Siendo conscientes de que la verdad vibra en cada cosa y en cada no cosa, desde la mismísima punta de nuestra nariz, evitemos las sombras sin dejar de buscar la luz… LA LUZ DE UN MUNDO NUEVO Y MEJOR.

(Editorial aparecido en el número 64 de la revista Tao tien)

Ya estamos en invierno.

Vivimos un momento en el que el desarrollo científico y tecnológico está alcanzando cotas muy altas, acercándose cada vez más a las fronteras de lo metafísico. Según parece, la humanidad es cada día más inteligente, pero lo que está claro es que también cada día hay más problemas y menos felicidad.
Cabe preguntarse: ¿cómo puede suceder esto? Tendríamos que responder que lo que solemos entender por inteligencia no es lo mismo que sabiduría.

Cuando la sociedad abusa de la inteligencia parcial e ignora la sabiduría holística –la que nos permite integrar armoniosamente todas las partes de nuestra naturaleza–, los miembros que la componen suelen caer en el terrible error de olvidar los beneficios de una vida sencilla y natural.
Seducidos por sus deseos, emociones y egos, se convierten en esclavos de todo tipo de exigencias corporales, lujos, poder, concepciones religiosas un tanto desequilibradas y excusas psicológicas de las más diversas y variopintas.
Así es como abrimos las puertas al reino de las desgracias y de la confusión.
Pero tal y como viene sucediendo a lo largo de la historia, en tiempos complicados y difíciles como estos, suelen aparecer personas de espíritu superior, carismáticas, con una verdadera vocación filosófico-humanística que son capaces de hacer saltar la chispa que despierte las conciencias dormidas de aquellos que han caído en el lodo. ¿Y cómo se consigue esto?
A través del esfuerzo que, a la luz de la filosofía, nos enseña cómo liberar el propio ser, cultivando la modestia, la simplicidad y la verdad: llegamos a descubrir que nuestra naturaleza original pura es la naturaleza pura del universo.
Solo pueden ser artífices de un verdadero cambio, en el actual momento evolutivo de la humanidad, los filósofos-idealistas que, a través de un trabajo discipular, sean capaces de aquietar su mente, de ignorar todas las divergencias, de lograr una elevada conciencia de las verdades sutiles y de hacer que su virtud sea una con la virtud universal, extendiéndola al mundo sin expectativa de recompensa alguna.

(Editorial aparecido en el número 63 de la revista Tao tien)

Ha llegado el otoño.

Recientemente, mantuve una conversación con una persona dotada de un enorme sentido común, que me decía que hoy día vivimos en una sociedad en la que continuamente están provocándonos necesidades artificiales que lo único que hacen es complicarnos la vida, hasta el punto que más que disfrutarla la sufrimos. Es el punto en que nos hemos convertido en esclavos de nuestros deseos y la conciencia queda como adormecida.

Si, por un momento, nos introdujéramos en un improvisado túnel del tiempo, veríamos que antaño las personas tenían una concepción más holística de la vida pues, sin exagerar la importancia del intelecto, eran capaces de integrar el espíritu, la mente y el cuerpo en todas las actividades que desempeñaban. Esto les permitía lograr un verdadero conocimiento sin caer en la trampa de los conceptos.
Cada vez que –en la lógica evolución de las cosas– aparecía un nuevo invento, aplicaban su discernimiento y trataban de ver tanto las ventajas como los inconvenientes que podía suponer. Sabían apreciar y valorar todos aquellos métodos y sistemas que habían demostrado su eficacia en el transcurso del tiempo, así como también la de los nuevos que pudieran hacer gala de lo mismo.
Para no caer en la confusión del mundo de los deseos y toda la maraña de ilusiones –vanas y pasajeras– que conlleva, imitemos a los antiguos: unifiquemos nuestro espíritu, nuestra mente y nuestro cuerpo en todo lo que hagamos. Que los alimentos, las vestimentas y el lugar en que vivamos sean lo más acorde con la madre naturaleza.
El noble y maravilloso arte del Taijiquan nació, creció y se desarrolló en un medio conformado por personas que tenían esa visión holística, que sabían que el verdadero crecimiento consiste en afrontar y resolver los problemas de la vida en armonía con uno mismo y con los demás.

(Editorial aparecido en el número 62 de la revista Tao tien)


Cerrar
E-mail It