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10 de Abril de 2009

Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Tai Chi Chüan>>leer más

CURSO DE DEFENSA PERSONAL. MÓDULO NACIONAL DEL INSTITUTO BODHIDHARMA

Se celebró en el colegio “Antiguo Reina Fabiola” de Alcalá de Guadaíra en Avda. Santa Lucía, el sábado 13 de diciembre de 2014 en horario de 10 a 14 horas.

PRACTICA DE LA FORMA DE ESPADA DE 32 POSICIONES. PROGRAMA DE LA ESCUELA  DE PEKIN

Ha comenzado a desarrollarse el entrenamiento básico de las aplicaciones marciales de Tai chi jian (Tai chi con espada), con los taochis más avanzados (tercer nivel), de la Universidad Popular y del Centro Cívico “Las Columnas”. Con los alumnos del Centro Hispalia, se inició el aprendizaje de dicha Forma el pasado mes de septiembre.

Ha llegado el otoño.

Todo en la naturaleza está sujeto a un continuo proceso de transformación, en el que las formas cambian aunque las esencias prevalecen: el Tai chi chuan es un buen ejemplo de cómo acercarse a lo esencial, a lo trascendente, a través de los distintos pasos que van marcando nuestra transformación como seres humanos.

En este noble arte, auténtico tesoro de la humanidad, podemos encontrar la sabiduría de una de las civilizaciones más antiguas y refinadas del mundo: la china. Se conjugan en él, de manera tan irrepetible como única, las técnicas de combate, la ciencia médica china, la filosofía taoísta y la riqueza de los pensamientos confucionista y budista. En pocas palabras, podríamos decir que es un arte marcial y un arte del cuerpo, una filosofía y una ciencia médica. El Tai chi chuan es una vía maestra (Tao) para caminar en el mundo y adentrarse en el universo humano. Su recorrido, trazado durante el transcurso de los siglos, ha exigido la contribución de generaciones de maestros y practicantes. Cada aspecto, desde el más sencillo hasta el más complejo, ha sido analizado no solo en sí mismo, sino también en relación con todos los demás, y sometido al más riguroso de los exámenes experimentales: la lucha para la supervivencia.
Así, al cabo del tiempo, ha surgido un arte con un grado de perfección tan elevado, que es capaz de dar a cada cual la respuesta que necesita: al artista marcial en su búsqueda de un arte eficaz pero no violento, a aquel que busca un sentido a su propia existencia, a los cultores del arte del movimiento como herramienta de crecimiento personal, y también a aquellos que sencillamente están interesados en el bienestar psicofísico. Es una visión global, holística, del ser humano, desde los planos físico, energético, emocional y mental hasta llegar, finalmente, a la dimensión espiritual: el Boxeo de la Cima Suprema.
Verdadero camino (Tao) de investigación, desarrollo y transformación, el Tai chi chuan representa para el hombre moderno un instrumento ideal para lograr ese equilibrio que necesariamente se desprende de la armonía cuerpo-mente, fortaleciendo la salud y despertando la conciencia a aquellos aspectos más sutiles de nuestro ser.

(Editorial aparecido en el número 54 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

Otro año más, nos ha llegado el momento de penetrar en la estación veraniega, esa que es la preferida para muchos y en la que parece que todos nos sentimos como más abiertos, comunicativos y con más ganas de hacer cosas al aire libre. Es una estación asociada con la madurez de las cosas y también con su equilibrio.

Como bien nos enseña la tradición china, el equilibrio es una oscilación entre el yin y el yang, sin estancarnos en ninguno de estos dos principios que mueven todas las cosas, y que convenientemente armonizados nos conducen a una visión equilibrada de la vida humana: aprendemos a contemplar la existencia, a vivir sin miedo –que no es poco– y a desterrar todo tipo de preocupaciones que, casi siempre, suelen ser producto de nuestra mente ilusoria, la cual hemos de conocer y dominar para poder aspirar a ese gran equilibrio que es el universo mismo.
Esto solo será posible si somos capaces de encontrar ese equilibrio en nosotros mismos, lo cual no es tarea fácil, pues la actitud a adoptar no está exenta de ciertas sutilezas que, si nos esforzamos demasiado en equilibrarnos, pueden llevarnos, paradójicamente, a alterar el ritmo natural de las cosas. La armonía de la vida humana es algo natural, espontáneo, que podemos experimentar desde el momento en que dejemos de querer controlarlo todo.
La vía del Tai chi chuan es la vía de la suavidad y la armonía, a través de la cual aprendemos a no forzar las cosas; aprendemos a fluir con todo lo existente y manifestado, captando la esencia y desechando lo puramente formal. Por lo tanto, nuestro pensamiento y acción han de estar orientados a la no resistencia, a evitar el conflicto en cualquiera de sus aspectos, contribuyendo de esta manera a que cada vez reine un mayor grado de armonía entre todos los seres humanos.

(Editorial aparecido en el número 53 de la revista Tao tien)

¡De nuevo, la primavera!

Vivimos  un  momento  histórico  en  el  que  las  malas  noticias están a la orden del día, hasta tal punto que cada vez son más las personas –empezando, si queremos, por los alumnos de nuestra Escuela de Tai chi chuan– que han decidido, en más de una ocasión, apagar la televisión o la radio, o ambas cosas, y también evitar aquellas conversaciones que pudieran girar en torno a temas con connotaciones un tanto desagradables y nefastas.

Si nos detenemos a analizar los acontecimientos a los que estamos asistiendo, constataremos, de una u otra forma, que estos tienen que ver con el lado oscuro de la naturaleza humana y que su origen estaría en la ignorancia, la falta de discernimiento y el mal uso que hacemos de los avances tecnológicos actuales.

Casi todos los males de los que somos testigos –atónitos e incrédulos ante cosas que son poco menos que surrealistas– en este presente, se deben a una forma concreta de estupidez llamada codicia, pues podemos comprobar que los deseos insaciables del pobre y del rico envenenan a la humanidad y dan lugar a toda clase de maldades, engaños y destrucción de nuestra casa planetaria,  la  Tierra.

La falsa moral de los intereses más pecaminosos, del insaciable progreso económico y de la manipulación de las masas ignorantes, es lo que sigue dando sustento al mal entre los seres humanos. Los males que sufre la humanidad son la consecuencia, los amargos frutos, de todas las acciones del pasado, y esto viene sucediendo desde el momento en que la especie humana empezó a imaginar y creer  que  podía  encontrar la  felicidad –y todo lo que esta conlleva– fuera de su dimensión espiritual: es a partir de ahí donde la conciencia entra en un proceso de confusión y de pérdida de las virtudes innatas.

Como bien nos enseña la milenaria filosofía del Tai chi chuan, la única solución es el despertar individual, el que cada ser humano se vaya conociendo un poco más y mejor a sí mismo a través de la práctica de una ética que le lleve a un verdadero progreso espiritual y un auténtico respeto por la libertad propia y ajena.

Solo entonces, gracias a ese despertar de la conciencia individual, aprenderemos que no podemos quedar impasibles ni indiferentes ante cualquiera de las manifestaciones del mal, combatiéndolo y erradicándolo dondequiera que pudiéramos encontrarlo.

(Editorial aparecido en el número 52 de la revista Tao tien)

Ya estamos en invierno.

Una vez más, nos encontramos ante las puertas de un nuevo año en el que tendremos la oportunidad de seguir recorriendo el camino cuyos primeros pasos dimos hace ya algún tiempo, y me refiero a ese que iniciamos con la práctica del Tai chi chuan, la cual nos ha permitido ir descubriendo una maravillosa filosofía de vida que nos acerca, poco a poco, a las verdades del universo en el que nos encontramos.

Estas –tanto las pequeñas como las grandes verdades– no llegan como consecuencia de un esfuerzo deliberado; más bien suelen revelársenos cuando menos lo esperamos, de manera súbita y espontánea, y entonces entendemos que todo es mucho más sencillo de lo que hasta ese momento pensábamos. La inspiración  humana  unida  a  la  influencia divina hace que esto sea posible: nos volvemos especialmente receptivos y nuestra comprensión de la vida y de la gente se hace mucho más profunda, adaptándonos con una apertura total de corazón a todo lo que sea necesario.
A través de la práctica incansable, con perseverancia y constancia, siendo siempre pacientes y confiando en los maestros y en nosotros mismos, vamos logrando un estado de conciencia inspirado y abierto. A partir de aquí, somos capaces de observar el mundo con unos ojos frescos de asombro, con una mente libre de la rutina y de la mediocridad.
Esta mirada surgida de la inspiración del corazón es una visión limpia, sin manchas, que es la característica de todos los que consideramos grandes hombres en el espíritu, y sin ella –como bien nos enseña el camino de la filosofía– nuestra evolución espiritual más genuina es imposible.
Y hablando de aquellos que se caracterizaron por tener un alma grande y generosa, en este número rendimos un sentido homenaje a uno de ellos: Jorge Ruiz, nuestro maestro de Tai chi chuan, que nos ayudó en el sagrado conocimiento de nosotros mismos, enseñándonos tan noble, profundo y maravilloso arte. Su recuerdo imborrable quedará grabado por siempre en nuestros corazones.

(Editorial aparecido en el número 51 de la revista Tao tien)