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Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Taijiquan>>leer más

REANUDACIÓN DE CLASES

ENERO 2019

Las fechas de reanudación de clases y sus horarios son los siguientes:
-Universidad Popular: martes, día 8 a partir de las 18 h.
-C. Cívico “Las Columnas”: viernes, día 11, de 18 a 20 h.
-Centro Hispalia: lunes, día 14, de 18.30 a 20 h. (horario del nivel de iniciación).

CLASES

Para el curso 2017-2018, los horarios de clase en la escuela Tao tien serán los siguientes:

Centro Hispalia:

-Lunes de 17:30 a 18:30 Nei kung, de 18:30 a 20:00 primer nivel de Taijiquan y de 20:00 a 21:00 segundo nivel.

-Miércoles de 18:00 a 19:30 Nei kung.

Centro Cívico Las columnas:

- Viernes de 18:00 a 20:00 Taijiquan.

Universidad Popular de Alcalá de Guadaira:

-Lunes de 9:30 a 12:30 primero y segundo niveles de Taijiquan.

-Martes y jueves de 18:00 a 19:00 (primer nivel de Taijiquan) de 19:00 a 20:00 (segundo nivel) y de 20:00 a 21:00 (tercer nivel)

¡De nuevo, la primavera!

La sociedad occidental de este tercer milenio, al igual que sucedía a finales del anterior, viene dando muestras de numerosos y variados síntomas de cansancio, de falta de salud… de enfermedad. Haciendo un análisis de la situación que estamos viviendo, nos percatamos de que el abandono de los valores tradicionales ha ido desarraigando al hombre occidental de su pasado, dejándole vacío de cara al futuro. La dependencia de la tecnología, el abandono de las labores del campo, el hacinamiento en los núcleos urbanos, el consumismo y la falta de valores espirituales, convierten a los ciberurbanitas de este tercer milenio en simples objetivos de las campañas de ventas, en moradores de artificiales y deshumanizadas oficinas que apenas regresan unas horas al día a sus casas para descansar y preparar una nueva jornada de trabajo.

Nos encontramos con que el estrés y los hábitos sedentarios, la alimentación cada vez menos natural (comida basura, plastificada, transgénica, etc.), el abuso de sustancias nocivas (tabaco, alcohol, drogas) y estimulantes, así como de todo tipo de fármacos, están provocando una serie de deficiencias y carencias en la salud del hombre actual, así como enfermedades crónicas.
Es por todo ello por lo que, hoy más que nunca, el hombre necesita realizar algún tipo de ejercicio que le permita restablecer su salud, prevenir las enfermedades y alcanzar el bienestar físico y mental. El auge del Taijiquan en Occidente como «fuente» de salud y longevidad respondería a esa búsqueda por reencontrar el equilibrio entre el cuerpo y la mente, entre la salud física y la psíquica, pues solo entonces el hombre puede vislumbrar los horizontes que le lleven al conocimiento de sí mismo.

(Editorial aparecido en el número 68 de la revista Tao tien)

stamos en invierno.

Una vez más, nos encontramos ante las puertas de un nuevo año en el que tendremos la oportunidad de seguir recorriendo el camino cuyos primeros pasos dimos hace ya algún tiempo, y me refiero a ese que iniciamos con la práctica del Taijiquan, la cual nos ha permitido ir descubriendo una maravillosa filosofía de vida que nos acerca, poco a poco, a las verdades del universo en el que nos encontramos.

Estas –tanto las pequeñas como las grandes verdades– no llegan como consecuencia de un esfuerzo deliberado; más bien suelen revelársenos cuando menos lo esperamos, de manera súbita y espontánea, y entonces entendemos que todo es mucho más sencillo de lo que hasta ese momento pensábamos. La inspiración humana, unida a la influencia divina, hace que esto sea posible: nos volvemos especialmente receptivos, y nuestra comprensión de la vida y de la gente se hace mucho más profunda, adaptándonos con una apertura total de corazón a todo lo que sea necesario.
A través de la práctica incansable, con perseverancia y constancia, siendo siempre pacientes y confiando en los maestros y en nosotros mismos, vamos logrando un estado de conciencia inspirado y abierto. A partir de aquí, somos capaces de observar el mundo con unos ojos frescos de asombro, con una mente libre de la rutina y de la mediocridad.
Esta mirada, surgida de la inspiración del corazón, es una visión limpia, sin manchas, que es la característica de todos los que consideramos grandes hombres en el espíritu, y sin ella –como bien nos enseña el camino de la filosofía– nuestra evolución espiritual más genuina es imposible.
Y hablando de aquellos que se caracterizaron por tener un alma grande y generosa, en este número rendimos un sentido homenaje al maestro Toshiaki Higasio, que nos inició a muchos –entre los cuales se encuentra el que esto escribe– en la vía de las artes marciales japonesas, ayudándonos en el conocimiento de nosotros mismos a través de la enseñanza de tan nobles, profundas y maravillosas disciplinas.
Se nos fue en el pasado mes de octubre… pero su recuerdo imborrable quedará grabado por siempre en nuestros corazones.

(Editorial aparecido en el número 67 de la revista Tao tien)

Ha llegado el otoño.

En los años que llevamos impartiendo las clases de Taijiquan, hemos tenido la oportunidad de conocer a muchas personas que buscaban y esperaban encontrar ese «algo más» en este noble y maravilloso arte… y ciertamente –en honor a la verdad–  más de una lo encontró.
Pero igualmente cierto es que para que esto sea posible es necesario someterse a la disciplina que nos exige este estilo interno de las artes marciales chinas, pues estamos hablando de algo más importante, profundo y trascendente que una simple gimnasia, algo que tiene la capacidad de hacer realidad un desarrollo integral del ser humano; hacer realidad un desarrollo holístico en el que, como tal, espíritu, mente, energía y cuerpo se integran armoniosamente, conformando una auténtica unidad.

La elevación y amplitud de conciencia que esto supone lleva al practicante de Taijiquan a conocer cada vez mejor a sus enemigos interiores y saber cómo enfrentarlos, aplicando la estrategia necesaria para ir derrotándolos uno a uno en este gran campo de batalla que es la vida.
Aquel taochi que ha iniciado su camino de búsqueda, desde el momento en que ha oído esa voz que ha resonado en su interior y que le indica cuáles son los pasos que tiene que dar y en qué dirección hacerlo, dispone de cuatro armas imprescindibles: perseverancia, constancia, confianza –en sí mismo y en sus maestros– y paciencia.
Si a esto sumamos la generosidad, la bondad y la práctica de toda virtud sin distinción, nos atrevemos a afirmar que se superarán todas las pruebas que constituyen el camino mismo y que nos conducirá, inexorablemente, hacia el despertar de nuestra conciencia inmortal.

(Editorial aparecido en el número 66 de la revista Tao tien)

¡Ya llegó el verano!

Estamos viviendo un momento en el que el progreso científico y tecnológico ha alcanzado cotas realmente sorprendentes, increíbles para algunos, poco menos que de ciencia ficción. Pero nos hacemos la pregunta de siempre: ¿ciencia y tecnología van de la mano del desarrollo ético y espiritual del ser humano?
En relación con esto, hay un primer razonamiento que nos dice que todo el progreso tecnológico y la facilidad de acceso a las redes mundiales de información no pueden acelerar la captación intuitiva de la sabiduría que nos permite comprender los fenómenos del mundo y sus raíces espirituales.

Podemos cometer el error de olvidar que todos los avances y descubrimientos que puedan realizarse en lo que a la materia se refiere, han de estar al servicio, de una forma u otra, de una visión más profunda de la naturaleza y del hombre, y que esto pueda traducirse en una mayor armonía y equilibrio tanto en lo individual como en lo social: la sociedad siempre mejorará sobre la base del mejoramiento del individuo.
Como siempre, las claves están en el interior del ser humano, pero se trataría sobre todo de aquellas que nos permitan conectarnos –o reconectarnos– con las leyes que rigen este maravilloso universo en el que nos encontramos y que, de alguna manera, también se encuentran dentro de nosotros.
Esto solo será posible si somos capaces de desarrollar el suficiente grado de confianza en nosotros mismos, cosa que no es nada fácil –pero no imposible– y que nos permitiría encaminar nuestros pasos, constante y perseverantemente, en el verdadero sentido de la vida, sabiendo que todo lo que hacemos obedece a una necesidad, conforme a una finalidad, y que naturalmente culminará en ese destino que nos espera… hacer realidad nuestros mejores sueños.

(Editorial aparecido en el número 65 de la revista Tao tien)

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